¿Querían fuego? Les traje un incendio- AHRE.
CAPÍTULO CINCUENTA Y UNO
Demian
Me muerdo el interior de la mejilla para contener la risa que amenaza con salir de mi boca, mientras veo el espectro de expresiones en el rostro de Lianna, una vez que ambos estamos en el coche.
¿Así que la pequeña descarada se tocó pensando en mí?
Dejo su mochila en los asientos traseros y miro por segunda vez su rostro. Las mejillas enrojecidas por la vergüenza y la excitación le quedan preciosas. Tiene las piernas cruzadas y yo sonrío al ver sus piernas desnudas.
Bendito sea el creador de los vestidos.
Antes de encender el coche, extiendo mi mano en su dirección.
—Dame tus bragas—ella me observa como si acabara de confesar un asesinato pero obedientemente se quita las bragas, con su rostro aún más enrojecido y las aprieta en un puño—. ¿No vas a dármelas, muñeca? —ella aprieta los labios y me las da—. Chica lista— me inclino para besarla y su boca me recibe predispuesta y cálida. Los labios de Lianna son llenos, suaves y tibios y de solo pensar en tenerlos nuevamente alrededor de mi polla, sintiendo la sangre bombeando a mi entrepierna. Separo mi boca de la suya y sonrío al ver que ella se inclina hacia mí.
Tan bonita.
—¿Cuándo puedo tener mis bragas de regreso, señor? —el parpadeo inocente de sus ojos me saca una risa. Ella no es ni siquiera un poco consciente del efecto que tienen esos ojitos de cachorro, no sabe que me tiene rondando a su alrededor con un pestañeo.
—Cuando quiera regresártelas, gatita—ella hace un gesto de enfado demasiado encantador y no puedo resistirme a besar la mueca de disgusto en sus labios—. Por ahora creo se verán mejor decorando mi coche— ella parpadea confundida hasta que me ve poner las bragas en el espejo retrovisor y comienza a negar.
—Esto está mal.
—Quita tu mano de ahí o en serio no podrás sentarte mañana— le advierto cuando la veo estirar su brazo en dirección al espejo—. Realmente no soy muy aficionado al rosa, pero le dan un lindo toque, ¿No crees?
Voy soltando comentarios del mismo tipo, solo para deleitarme al ver las emociones claras y honestas en su rostro mientras conduzco al departamento. Es una buena cosa que su boca y mi polla no estén cerca en este momento, porque seguramente me la arrancaría.
—Esto en serio no es divertido—me dice en un murmullo—. ¿Qué pasa si alguien las ve?
—Podemos ponerle un cartel que diga que son tuyas, si quieres —ella me mira con el enojo chispeante en sus ojos y yo me río. Parece un gatito acorralado, chillando y erizando sus pelos para asustar. Gracioso, muy gracioso —. Entonces, estabas a punto de hablarme sobre tus fantasías.
El enojo es reemplazado por un nuevo rubor avergonzado y sus pupilas se dilatan ligeramente. Mira tú.
—Yo no...
—Todos tenemos fantasías —la interrumpo, antes de que intente convencerme de lo contrario.
—¿Tú también? — ella levanta el mentón ligeramente, de manera obstinada.
—¿Sabes que desviar la conversación hacia mí no evitará que las sepa, verdad? —ella me da un asentimiento débil pero no dice nada—. Voy a saberlas de todos modos, muñeca. Tal vez es mejor si las verbalizas.
Ella me da un vistazo rápido con los ojos entornados, en un modo defensivo.
—¿Cuáles son las tuyas?
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Sinestesia | SEKS #1
RomanceSERIE SEKS, LIBRO #1 Lianna está a punto de terminar su carrera en psicología, pero su tesis es rechazada. En su intento por buscar información para abordar algún tema controversial, llega a Seks, un club sexual cuyo dueño parece dispuesto a darle u...
