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CAPÍTULO ONCE

Ben me busca en la cafetería el lunes por la tarde, cuando termina mi turno y vamos a una plaza que está cerca de mi lugar de trabajo. Son solo las tres de la tarde y él insiste en conseguir algo para comer.

—En realidad, comí en el trabajo— le digo—, pero podemos tomar un café.

—Claro, sí.

Caminamos a una cafetería que está cerca y nos quedamos en una mesa cerca de la entrada. Pedimos los cafés— el de él negro y el mío con espuma de vainilla— y yo miro la hora en mi teléfono, para luego dejarlo sobre la mesa, tratando de no poner mi mente en otra cosa que no sea nuestra cita.

—¿Entonces...?

—¿Pudiste avanzar en algo con la tesis? — me pregunta.

—Sí, algo— murmuro—, estuve leyendo, investigando y esas cosas— sigo, respondiendo vagamente— ¿Cómo te está yendo a ti?

—Imagino que debe ser difícil encontrar fuentes fiables sobre el tema— asiento, sin decir nada más—. Pues bien, tengo que rendir algunos exámenes pero nada del otro mundo.

—¿Te quedan muchas materias?

—Diez u once, al menos.

—Eso es bastante— suspiro—. Recuerdo que cuando me faltaban esa cantidad de materias, me sentía como si jamás fuera a terminar.

—Sí, pero prefiero tomarme mi tiempo y tener algo de vida fuera de la universidad— él ni siquiera sabe que acaba de decir algo que me choca bastante—, pero supongo que son elecciones.

—Sí, supongo que sí— murmuro.

La mujer que tomó nuestra orden deja los cafés en la mesa entre nosotros, con una sonrisa.

—Disfruten.

—Gracias.

—Así que... ¿Planeas ejercer? Ya sabes, ser psicóloga de consultorio o...

—No lo he decidido aún— le explico—. Creo que me gusta la investigación, pero también poder ayudar a alguien cara a cara.

—Entiendo— Ben sonríe—. ¿Y qué hay de tu familia? ¿Qué piensan de que estudies psicología?

—Mi padre no estuvo de acuerdo— le explico—, a él le hubiera encantado que estudie algo relacionado a la administración de empresas— sigo—. Él tiene un negocio— digo, sin entrar en detalles—, creo que le hubiera gustado que siguiera con eso.

—Eso debe ser difícil— Ben hace una mueca—. Al menos estudiaste lo que quisiste, ¿Verdad?

Conllevó demasiadas peleas.

—Sí, así es— carraspeo y le doy un sorbo al café—. ¿Tu familia qué opina de lo que estudias?

—Les da lo mismo— él se encoge de hombros—, mi padre solo quería que estudiara algo y ya.

—¿Y saben que trabajas en un sexshop?

Antes de que él pueda responderme, mi teléfono suena, El nombre de Demian aparece. ¿Por qué me llama a esta hora? Si es lunes. Cancelo la llamada y doy vuelta el teléfono, para no ver la pantalla. Pasan menos de dos segundos antes de que vuelva a sonar.

—¿Estás segura de que no quieres atender? — me dice Ben—. Puede que sea una urgencia.

—Sí, segura— silencio el teléfono, aunque no puedo ignorar el ligero brillo que se refleja en la mesa—. Entonces, ¿Me decías?

Sinestesia | SEKS #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora