CAPÍTULO CUARENTA Y TRES
Tiempo después, estoy tan turbada, que apenas recuerdo mi nombre. Puedo sentir las manos de Demian por mi cuerpo y mis miembros chocando secamente contra el colchón.
—¿Qué estás...?
—¿Tenías permiso para hablar?—la ceja arqueada de Demian y el tono medio molesto me hacen cerrar la boca. Su mano sigue presionando mi pantorrilla luego de haber desenganchado las sogas y sacado las esposas. Me pide que me ponga boca abajo, con los brazos a cada lado de mi cuerpo y no deja de pasar la mano lentamente de arriba a abajo por mi pierna—. Tenemos que tener una conversación, muñeca.
—¿Una conversación? ¿En este momento?—intento incorporarme, a pesar del desastre que es mi cabeza, pero presiona la palma de su mano entre mis omóplatos, dejando en claro que no quiere que haga eso—. Creo que prefiero sentarme para poder hablar.
—Y yo prefiero que estés así—él desciende su mano lentamente por encima de mi columna, en un toque vago.
—¿Sobre qué quieres hablar?
—Sobre nosotros—intento nuevamente incorporarme—. Quieta ahí.
—Esto es incómodo.
—¿Te estás haciendo algún tipo de daño? —cuando me obligo a mí misma a responder y decir que no, vuelve a hablar—. Entonces creo que podemos seguir así—murmura. Por unos cuantos segundos, no dice nada. Mi cuerpo aún está bastante relajado por el orgasmo y el hecho de que esté moviendo la mano en una caricia suave por toda mi espalda o mis muslos me impide pensar con claridad y preocuparme por el tipo de charla que vaya a encarar Demian—. Quiero saber qué opinas de esto, de nosotros—su voz es tranquila, relajante pero tiene esa nota demandante que me obliga a responder.
—No... no lo sé— piensa, Lianna—. ¿A qué te refieres?
—¿Qué va a pasar cuando termines con la tesis, muñeca?
—No lo sé—suelto un suspiro entrecortado—. En serio creo que es mejor si...
—Responde, Lianna.
—En serio no lo sé—murmuro, abrumada por las caricias. Estoy en una posición vulnerable, ni siquiera puedo usar mis brazos y el hombre me está interrogando sobre nosotros. Ni siquiera lo tengo del todo saldado en mi cabeza. Definitivamente prefiero mil veces que él presione mis límites físicos antes que mis límites emocionales.
—¿Te gusta estar conmigo? — como si él no supiera... —. Responde, por favor.
—Sí... sí me gusta— mi voz se ahoga contra las mantas y en cierta forma, lo agradezco. Mi voz es más temblorosa, especialmente porque estoy segurísima de que Demian no se detendrá hasta tener las respuestas a todo lo que quiera.
No sé si estoy lista para dárselas. ¿Él no puede simplemente limitarse a follarme y ya? Hablar de mis sentimientos es netamente exponerme, no solamente entregar mi cuerpo, también es entregarme mi cabeza en bandeja y hasta ahora, sentía que tenía esa parte bastante controlada. Jamás se me habían escapado expresiones como te quiero en el medio de una escena y nunca había estado tan abrumada como para soltarlas después. Espero.
—¿Y te gusta estar conmigo cuando estamos en la dinámica d/s o también te sientes bien conmigo cuando hacemos otras cosas?
Todo. Todo se siente bien, demasiado bien.
Tomo una respiración profunda, antes de hablar:
—¿A qué viene esto?
Mi falta de respuesta me hace ganar un palmetazo en el culo.
ESTÁS LEYENDO
Sinestesia | SEKS #1
RomanceSERIE SEKS, LIBRO #1 Lianna está a punto de terminar su carrera en psicología, pero su tesis es rechazada. En su intento por buscar información para abordar algún tema controversial, llega a Seks, un club sexual cuyo dueño parece dispuesto a darle u...
