Epílogo

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-¡Renjun, no encuentro mi camisa negra! ¡¿La tienes tú, verdad?! -Jeno por fin se había deshecho del tinte rubio y lucia de nuevo un tono oscuro brillante junto con sus dos novios. Hasta parecía que se habían puesto de acuerdo. Gritaba para hacerse escuchar por toda la casa pues no tenía idea de dónde se había metido el nombrado.

En efecto, el chino entró a la habitación con la camisa y la chaqueta de cuero de Jeno puestas, no dispuesto a cederla, iba perfecta con el atuendo que tardó una hora en decidir. Estaba probando recientemente cosas y ropa nueva, e incluso dejó crecer su cabello acomodado en un mullet que parecía ser el corte hecho para él.

-Te la pedí ayer y dijiste que podía usarla en el programa de hoy - Renjun estaba listo para pelear por la camisa, y si eso significaba ver a su novio sin camisa por más tiempo, podía discutir por horas.

-Tranquilo, amor. Usa la camisa blanca, adoro cómo te queda -Jaemin ya entraba con la dichosa camisa en la mano dejando un casto beso en los labios del mencionado al pasarle la prenda.

-Es la única cosa que tengo que no se ha apropiado Renjun -Jeno comenzaba a abrocharse los botones mientras Jaemin acomodaba el cuello.

-Duh, porque me queda muy grande.

-Ven acá, Huang -Jeno interceptó al más bajo antes de que llegara a la puerta y lo tomó de la cintura llenando de besos su cara -Eres un sinvergüenza.

-Lo sé, pero así me quieren. Ustedes me pidieron que me mudara a su departamento ¿recuerdas?

-Lo dices como si fuera un gran sacrificio vivir en esta casa enorme, con una cama enorme -Jaemin alcanzó a los otros aún en su labor de acomodar el cuello de la camisa de Jeno y el cabello de Renjun.

-Pero la cama la comparto con ustedes -Renjun lanzó una mirada traviesa a ambos.

-No empieces, que ya tenemos que irnos -Jaemin huyó de la invitación implícita aunque Renjun no lo dejó zafarse abrazándolo por detrás.

-Vamos, es sábado, podemos llegar tarde los sábados -besó el cuello de Nana por detrás y él ya estaba cayendo en la trampa relajándose en automático gracias al suave tacto de los labios de su pequeño novio.

-Jeno y yo podemos llegar tarde, tú no. Tienes un horario que seguir - quizo regañarlo, pero no le salía pues las caricias causaban un efecto rápido en él.

-Entonces tendré que aceptar las consecuencias -Jeno tomó eso como una señal para abortar la misión de ponerse la camisa, igual, pronto se la quitaría uno de sus novios. O ambos.

Los besos eran dulces, más que nunca, tanto como para quedarse acurrucados hasta tarde entre mimos y caricias. El trabajo podía esperar un poco.

Esa era la vida que querían vivir.

(Missing) Puzzle Piece | | NORENMINDonde viven las historias. Descúbrelo ahora