Cazador
Exactamente habían pasado cuatro años, años cansados y dolorosos. Arthur, consiguió un excelente trabajo, podía mantener a su pequeño y darle una vida de prodigalidad, justo como prometió, su trabajado le acababa de lisonjear, vivió mucho tiempo al lado de una vampiro y aun así tuvo descompostura al dedicarse a cazarlos, al convivir tanto con tiempo con una, obtuvo las debilidades de estos, así como los increíbles poderes que poseían. Era arriesgado, pero los reyes estaban contentos al igual que los señores feudos.Su hijo corría, iba y venia, en el fondo desearía ser como el, vivir sin temores, sin recuerdos atormentando su mente, punzadas lastimosas sometiendo su corazón, con recordarla a ella, a pesar de su parecido a el, ese niño tenía la honradez y bondad de su madre.
-¿Qué escondes ahí, Armando?-. Con un harapo, envuelto sostenía algo entre sus manitas.
-Y-Yo...-. Su hermosa castidad, le impedía mentir, caía rendido al observar los ojos de su padre.
-Vamos hijo, ¿Qué escondes?-. La mirada de su padre trajo consigo seguridad, por lo que comenzó a dejar al descubierto lo que sostenía. Revelando una preciosa ave azul.
-Estaba tirada en los senderos, su alita esta rota y no podía dejarla ahí-. Su padre sonrió con ternura, miro a su hijo otorgándole un paternal beso en la frente.
-El tema es, vamos a ayudarla y después cenamos, ¿te parece?-.
-¡Claro papá, gracias, te quiero!-. Proporciono un beso en su mejilla, para salir corriendo.
El lugar era relajado, se podía permitir vivir en el pueblo, la apariencia de Armando era un beneficio, ya que no poseía ningún rasgo vampírico de su madre o al menos no aún.
Su trabajo progresaba, todos lo reclutaban para su ayuda con las plagas de brujas, vampiros y hombres lobo, incluso brujos. Inclusive era reclutado en otros pueblos vecinos, en su momento rechazo las ofertas, pero ahora su hijo había crecido, convirtiéndose en un adolescente fuerte, apuesto y valiente. Ahora eran padre he hijo, cazando criaturas asechadoras.
-Muchas gracias por la oportunidad padre, no te decepcionare-.
-El tema es, que pronto heredaras este trabajo, si es que te complace algo más, claro.- Adoraba las primeras tres palabras de su padre.
-El tema es...-. Dijo alargando la S.- Que me encantaría ser igual que tu padre-.
-Bien, entonces hora de partir, Y dejar de copearme mocoso.-. Entre risas, partieron.
Durante el recorrido, Arthur, enseño a su hijo a usar armas, mostrando una capacidad impresionante por aprender rápido, Armando siempre destaco por tener un razonamiento sensacional, su padre estaría orgulloso de el, olvidando así la reminiscencia de su pasado.
-Aquí dormiremos hijo, ata a los caballos cerca de aquí-. Montaron un pequeño campamento cerca de un bosque inmenso con una niebla espesa y arboles tenebrosos.
Por la mente de Armando, solo se llenaban momentos paternales que juraría amaba, a pesar de que jamás conoció a su madre, estaba seguro que fue una gran mujer, hermosa y amable, al menos así la describía su padre, aun que el no lo supiera, lo escuchaba caer en llanto más de una vez, suponía ese era el amor de verdadero, del que todos los autores hablaban en sus novelas y poemas.
-¡Bien hecho hijo! Eres impresionante con ese arco-. Llevaban practicando mas de una hora, la verdad que muy ameno.
-Gracias papá, no tenía idea de que podía hacer eso-. Sus ojos negros se iluminaron, esos comentarios a cualquiera conmovían.
-Bien vamos a...-.
-¡PAPÁ!-. Un hombre, con un pelaje impresionante salió detrás de los arboles, atacando a su padre.
-M-Maldito perro, p-pulgoso-. Luchaba con la criatura, impidiendo su deceso. Armando se encontraba de espectador, con las piernas paralizadas, ¿Qué hacia?, un miedo espectacular recorrió sus venas.
Arthur lucho con todas sus fuerzas físicas y mentales, analizo la situación detalladamente, caculo la debilidad de la criatura y listo, lo tenía, tomo su mandíbula abultada, cada extremidad la comenzó a separar con toda la fuerza que sus brazos le permitían, escuchando un fuerte crujido y el cuerpo desvanecer, había ganado.
-Y así, se h-hace esto. Ahhh-. Con con ultimo suspiro, cayo sobre el césped, cansado.
-Papá, déjame curarte-. Su rostro emanaba tristeza, no pudo hacer nada, por un momento pensó, que su padre moriría.
-¿Pasa algo hijo?-. Arthur noto lo anterior mencionado, conocía a su hijo, ¡Por dios el lo vio nacer!, literalmente.
-Y-Yo, soy un cobarde, me dio miedo cuando apareció ese hombre lobo.-
-Jamás digas eso hijo, eres un Grúas, como yo. Somos valientes, guapos y bondadosos, tu problema es eso, tu bondad. Bueno no es un problema, solo que eres igual a...tu madre-.
-Entonces, ¿Matar a esas cosas, no es malo?-.
-El tema es que, no todos son malos, primero debes fijarte en eso, hay quien matan por placer, hay quienes lo necesitan y bueno hay quienes no tiene opción, no es malo ser bondadoso, al contrario hijo, eso demuestra la gran persona que eres.- Los ojos de su hijo, se fueron iluminando.
-Gracias papá-. Extendió sus brazos, recibiendo un cálido abrazo.
La noche era fría, la hoguera desprendía calor, no como quisieran, pero los cubría del frio abrumador, un silencio sepulcral se hizo presente, esto llamando la atención de Armando, sentía la presencia de alguien, podía sentirlo, olerlo, sabía que estaba allí, comenzaba a sentir inquietud.
-Papá-. Hablo en un susurro bajo, pero entendible. Su padre alzo la mirada, entendiendo lo que quería decirle.
-Huele, muy bien aquí. Llegaron justo a tiempo, a esta hora suelo cenar-. Un hombre salió de la nada, sus ojos estaban que destellaban de rojos, se asomaban colmillos puntiagudos de sus encías.
-Armando, esta vez tienes que estar alerta, estos hijos de puta son más peligrosos-. Armando asintió.
Tomo su ballesta, las flechas eran brillantes, estaban hechas de plata, después preguntaría, tomo el frasco de agua que tenían allí, su padre le explico que era agua bendita, por alguna razón sintió repulsión al tocarla, pero no le tomo importancia.
-Hoy no cenas, cerdo-. La lucha comenzó, su padre era ágil con su espada, aquel hombre de piel pálida, se movía impresiónate, su padre apenas si lograba captarlo, por un momento desapareció.
-¿Donde esta?-. Armando, de nuevo sintió su presencia y olor, rápidamente alerto a su padre.
-¡detrás de ti!-. Arthur volteó, logrando resquebrajar el cuello del hombre. Su cuerpo cayó, volviéndose gris.
-¡Viste eso padre! Logre verlo, ¿A que soy muy atento?-.
-El temas es, a dormir ahora si-.
Arthur, estaba impresionado y preocupado, si Armando había logrado sentir otro vampiro, significaba solo una cosa. Esperaba fuera coincidencia y si no fuese así, solo rogaba que la apariencia humana de su hijo permaneciera, no solo la parte física sino, también la moral, debía seguir acostumbrándolo a las cosas que normalmente un vampiro no haría, era por su bien, después le confesaría todo.
-No quiero dormir, mejor sigamos practicando-.
-¡A dormir mocoso!-.
Remin
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Carencia de alma (Yunando) FINALIZADA
Sonstiges-Soy solo un ser maldecido a no ser feliz, pero aun así, deseo amarte. -No opinarias lo mismo si supieras, que soy... un vampiro. Un hombre, fuerte y maldecido, el mejor cazador de monstruos de la ciudad, llega a un pueblo, Los Santos, sin saber que...