Capítulo 6

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Emma madrugó esa mañana y llegó a la empresa temprano, una vez allí una joven la recibió con una sonrisa, se presentó como Bella su nueva secretaria, no podía negar que era un mujer muy atractiva y con la que hubiese querido tener algo si su cabeza no estuviese en cierta morena que tenía que pasar por su despacho en unas horas.

Eran las doce de la mañana cuando tocaron a su puerta sacándola de sus pensamientos, y apareció la guapísima morena con un vestido azul marino que le hacía unas curvas de infarto y que provocaron que la rubia casi desnudase con la mirada a la abogada. Se saludaron cortésmente, y se pasaron todo el día ultimando los detalles para que Emma tomase poder de su cargo y echase al incompetente de Neal Cassidy de su puesto. Durante todo el día hubo cruces de miradas que se hacían cada vez más largas y más tensas. Aunque como dos profesionales evitaron cualquier contacto que estuviera fuera de lo estrictamente profesional. Aunque fue a Emma a la que más le costó poder reprimir su deseo de probar aquellos deliciosos labios rojos.

A los ocho de la tarde, y tras una larga y cargada jornada de trabajo Emma decidió que era el momento de dejarlo para mañana ya había oscurecido y comenzaba a tener hambre debido a que habían pasado todo el día casi sin parar de revisar documentación y archivos. Levantó la cabeza de su ordenador y se quedó observando durante unos segundos a la guapísima abogada concentrada en los documentos que estaba redactando. Tomo una profunda bocanada de aire y se dispuso a hablarle.

Señora Mills, creo que deberíamos parar un poco. No ha comido casi nada y seguro que tiene hambre, además podemos continuar mañana.- Dijo Emma estirándose en su silla debido al fuerte dolor de espalda.

Tiene razón. Mañana podemos seguir con esto, vendré temprano.- Dijo Regina dejando todos los papeles y levantándose.- Supongo que en un par de días conseguiremos poner esta empresa al día.- Puntualizó Regina con una sonrisa de satisfacción.

Ambas salieron del despacho apagando las luces ya que eran las últimas en salir. Emma quería alargar lo máximo posible ese momento, no quería que Regina se marchase, al menos no aún. Así que una vez que entraron en el ascensor jugo su última carta.

¿Le apetece cenar conmigo? Es decir, llevamos todo el día trabajando creo que lo menos que puedo hacer es invitarla a comer.- Intentó no parecer nerviosa pero le fue imposible. Y trasmitió todo ese nerviosismo a la morena.

Tengo que recoger a Henry de casa de mi madre...- Respondió Regina intentando que su excusa sonase lo más convincentemente posible.

Vamos a por él, y si quiere lo invitamos también. Me apetece volver a ver al chico. Así me puede poner al día.- Respondió rápido sin dejar que la morena le buscara una nueva excusa.

Está bien.- Respondió Regina intentando disimular su nerviosismo. Esa mujer la inquietaba y la ponía nerviosa. Regina no comprendía esos sentimientos, eran extraños para ella, sobre todo después de sufrir la muerte de su marido y poner una gran coraza a su corazón para no volver a sufrir. Coraza que parecía debilitarse cada vez que esa rubia ponía sus ojos en ella.

Tras treinta y cinco minutos en el Aston Martin de la rubia, en los que la suave música que sonaba en la radio hizo relajarse el ambiente, llegaron a una gran casa a las afueras de la ciudad, Regina miro al guarda de la casa y sin decir una sola palabra las dejo pasar sin ningún problema. La morena indico a Emma donde debía estacionar y espero en el coche mientras Regina bajaba y buscaba a su hijo.

¿Por qué hacía esto? ¿Por qué complicarse la vida con una mujer que no mostraba interés por ella? ¿Por qué no se alejaba? Preguntas y más preguntas eran las que pasaban por la cabeza de Emma en los escasos diez minutos que pasaron desde que Regina bajo del coche y volvió con el niño.

Cruce de destinosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora