Capítulo 8

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No sabes si te rechazaría.- Esas palabras retumbaron en la cabeza de la rubia.

Emma se quedó parada de espaldas a la morena durante unos segundos, sin saber que hacer o cómo actuar, la abogada se había pasado la noche cortando cualquier tipo de acercamiento o flirteo con ella y en cambio ahora la retaba a besarla. Era una locura, Emma se encontraba totalmente sorprendida, no sabía si Regina había pensado realmente todo lo que había dicho o si en cambio solo había actuado por un impulso, pero si así fuese sería el mejor impulso que podría haber tenido.

Se giró sobre sí misma y vio como Regina bajaba la mirada y si no fuese por el maquillaje podría decir que hasta se había enrojecido.

Regina por su parte se encontraba totalmente consternada con sus propias palabras, no sabía que hacer o decir, no lo había pensado, por una vez en su vida dejo de pensar, se había dejado embriagar por la esencia de la rubia y por los coqueteos constantes y esa fueron las consecuencias que la rubia estuviera estupefacta y que ella pasase la mayor vergüenza de su vida. Por un momento pensó que Emma se iba a marchar dejándola allí.

En cambio y para su sorpresa, Emma se encamino rápidamente hacia ella mirando profundamente a sus ojos, esas pupilas oscurecidas por la excitación y la agitación del momento que eran su mayor perdición y lo sabía. Dio los últimos pasos para quedar enfrente de ella y paso su mano por el cuello de la morena evitando que esta pudiese separarse y junto sus labios. Fue un roce electrizante, pasaron unos segundos en los que ninguna de las dos se atrevía a moverse y sus labios se mantenían en esa caricia dócil que la rubia había comenzado. Esta vez fue la morena la que decido tomar la iniciativa, y movió sus labios sobre los de Emma dejando atrás la suavidad inicial y comenzando un beso mucho más apasionado y exigente, Regina pidiendo permiso rozando el labio inferior de la rubia para que sus lenguas pudiesen entrar en el juego. Juego que las estaba excitando tanto a ambas que no quería separarse.

Emma paso la mano por la espalda baja de la morena y la acerco aún más, Regina enredo sus dedos entre el sedoso pelo rubio que tanto deseaba acariciar. El beso se fue haciendo cada vez más apasionado y sus cuerpos se estremecían bajo las caricias mutuas, y cada vez iban necesitando más.

Fue en ese momento cuando se escuchó un ruido en la parte de arriba de la casa y ambas se separaron con la respiración entrecortada y sus mejillas ruborizadas por lo que acababa de suceder.

Mama, ¿Esta abajo? He tenido una pesadilla no puedo dormir.- Decía Henry bajando las escaleras descalzo y con cara de asustado.

Tranquilo, cariño. Ya subo, espérame ahí.- Dijo Regina intentando limpiar el carmín que había se había corrido por todos sus labios.- Quédate aquí voy a acostar al niño y bajo. No te vayas aún.- Decía Regina sin retirar la mirada de Emma y con las manos aún sobre la cintura de la rubia.

Está bien, aquí te espero.- Decía Emma acercándose a un espejo que había en la sala para limpiar el carmín de sus labios, mirándose en ese espejo vio los restos de ese apasionado beso y no pudo evitar que una sonrisa tonta se escapara de sus labios.

A los 15 minutos Regina bajó intentando no hacer ruido ya que a su hijo le había costado muchísimo dormirse. Se encontró a la rubia con la copa de vino en la mano y observando la estantería donde estaban todos sus mejores ejemplares. Se quedó mirándola por un momento intentado tener la valentía de enfrentarse a ella después de ese magnífico beso.

¿Te gusta alguno?- Dijo Regina recuperando su copa y acercándose lentamente a la rubia.

La verdad es que no entiendo demasiado de esto pero creo que son muy buenos y muy caros.- Dijo Emma avergonzada por su falta de cultura literaria.

Si lo son. Pero realmente los conservo por mi padre. ¿Nos sentamos?- Decía la morena colocándose en un gran sofá con las piernas cruzadas, de forma que el vestido solo le cubría hasta la mitad del muslo y provocando que Emma no pudiese dejar de observar esas perfectas piernas.

Creo que debería irme, es tarde y mañana tenemos mucho trabajo.- Decía Emma sin dejar de observar el perfecto y torneado cuerpo de la morena, sabiendo que esta incluso estaba disfrutando provocándola de esa manera.

No me lo puedo creer, Emma Swan, la mujer que me lleva coqueteando desde que nos conocimos quiera huir después de haber conseguido lo que quería.- Dijo Regina con un tono irónico pero provocando cierta culpabilidad en la rubia, pues pensaba que había ofendido a la abogada con su actitud.

No, claro que no quiero huir. Es solo que no quería ponerla en una situación incómoda, nunca has correspondido a mis sentimientos y no quiero que esto se interponga en nuestros trabajos.- Decía Emma pasando su mano por sus cabellos de forma alterada y nerviosa sin separarse de los pies del sofá pero sin sentarse. Por primera vez en mucho tiempo tener a una mujer hermosa delante de ella diciéndole esas cosas le afectaba, le hacía querer demostrarle que no era así que si sentía cosas por ella, que no podía ponerles un nombre al menos no todavía pero las sentía.

Tranquila, Señorita Swan, solo bromeaba.- Respondió Regina con una media sonrisa y sorprendiéndose a ella misma con la situación que había provocado. Nunca se había imaginado a ella misma en esa actitud y jugando con la rubia. Quizás las copas de vino tuviesen algo que ver.- Creo que debería volver con mi hijo, parece que no va a pasar una buena noche. Pero creo que debemos hablar de todo esto con más calma.- Termino la frase, levantándose del sofá y colocando su vestido perfectamente. Paso por el lado de la rubia que la siguió con la mirada y que no pudo, por más que quiso, evitar mirar el perfecto culo de la morena que se disponía a abrir la puerta para que Emma se marchara.

Pasaron varios segundos en los que ninguna de las dos se movía, Emma aún en la puerta del salón observando fijamente a la morena y está por su parte con una medio sonrisa tonta que parecía imposible de esconder. Las dos tenían en mente muchas cosas, y ninguna pasaba por separarse en ese momento, pero Emma sabía que no debía forzar la situación con la abogada ya que probablemente no solo no hubiese estado nunca con una mujer sino que ni siquiera se lo hubiese planteado. Regina por su parte empezó a sentir pánico con la mirada de Emma escrutando todo su cuerpo, le había gustado el juego y el coqueteo que habían tenido, y que decir de ese beso que la había dejado casi sin respiración, pero el peso de la realidad pudo con la situación, ella no había estado con una mujer, no sabía lo que hacer o lo que decir, así que prefirió huir de esa situación al menos por el momento.

Emma despejo su mente y se acercó a la puerta sin decir una sola palabra, no sabía que decir así que simplemente se acercó a la morena y poso sus labios suavemente sobre los labios de la abogada que saltó hacia atrás sorprendida pero que no tardo más de dos segundos en volver a acercarse y corresponder a esos fantásticos labios. Regina paso su mano por el cuello de la rubia y esta coloco sus brazos es la espalda baja de la morena, sus cuerpos parecía estar hechos el uno para el otro, encajaban a la perfección y no quería separarse. Sus labios danzaban a un ritmo tranquilo y pausado intentando disfrutar lo máximo posible de esa caricia que las estaba excitando hasta puntos insospechados. Fue Emma la que corto ese beso, pero no sin antes morder el labio inferior de Regina, provocando un ligero gemido por parte de la morena. Se abrazó a ella y apoyo sus labios en el oído de la abogada susurrando un "Buenas noches" y girándose rápidamente para dejar a Regina con una tonta sonrisa en su cara y un gran vació entre sus brazos.

Cruce de destinosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora