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—¿Me estáis vacilando?
—Duérmete, O'Brien.
—¡Son las cinco de la tarde, Shelley! —contesta exasperado.
—Shhhhh.
—¿Enserio? —dirige su mirada a Tyler—. ¿Enserio os vais a pasar toda la semana metidos en la habitación?
La pregunta del neoyorquino había sido ignorada por absolutamente todos sus amigos. Alguno incluso habían llegado a mirarlo de reojo, pero ninguno dijo nada.
—¿Me estáis vacilando?
La indignación del actor aumentaba por momentos. Llevaban un mes realizando diversas entrevistas y promocionando la última temporada de Teen Wolf, y en aquella ocasión, tras haber cruzado todo el país, lo único que deseaban era dormir y descansar, sin importar la ciudad en la que estuvieses. Aunque los planes de Dylan eran completamente diferentes.
—¡Se acabó! —grita, captando así la atención de todos los que se habían reunido en la habitación de Holland y Shelley— Os doy cinco minutos para que os vistáis y después os haré un tour por Nueva York.
—Pero-
—¡No! —calla la inminente protesta de Mia—. Ni se os ocurra.
Dicho aquello, el chico salió de la habitación mientras los demás se quedaban observando la puerta confundidos.
—¿Y a este que mosca le ha picado? —pregunta la austriaca.
—Estará frustrado sexualmente —sugiere Cody—. A lo mejor mi hermana no le ha dado lo suficiente antes de irse.
—¿Pero están...juntos? —interviene Posey.
—¿Saliendo oficialmente? No. Aún no le ha pedido ser su novia. Pero llevan ya unas cuantas citas y...
—Y no todos son como y tu dichosa cosa rara de las cinco citas —habla Sprayberry—. Aunque en esta ocasión con Mia te saltaste ese punto.
—La culpa fue suya —justifica el chico—. Yo quería seguir lo de las cinco citas.
La pelirroja, en vista de que el tema de conversación había cambiado radicalmente de rumbo, decidió intervenir:
—Os estáis yendo por las ramas. No es el momento de hablar de no sé que de las cinco citas ni de si Leah y Dylan se han acostado ya.
—¿Y de qué es momento?
—¡De que salgáis ya mismo de esta dichosa habitación! —exclama Dylan a modo de respuesta a la pregunta de Daniel.
El chico acababa de irrumpir de nuevo en la habitación con la misma cara de cabreo con la que un par de minutos antes se había ido. La única diferencia era que esa vez no venía solo.