Las únicas personas con que compartía mi día después del colegio era mi familia y las personas que entrenaban conmigo. No tenía vida social afuera del colegio, en cambio tenía una meta. Mi meta era volver a ser campeón nacional por segunda vez. Pero para esta ocasión habría gente más fuerte y hábil.
Valeria tenía muchos problemas con sus padres. Ella compartía esos problemas conmigo. Yo le planteaba una solución, pero le faltaba valor para ejecutarla. "Si necesitas una mano, aquí tienes dos" le decía a ella. Pero ella prefería encerrarse en si misma, en una realidad ofuscada. Ella debía solucionar sus problemas. Yo no era nadie para solucionarlos.
Vamos en torno a una competencia de taekwondo. Es una competencia departamental donde van a ir los mejores. Se que me encontrare de nuevo con Luque. No estaba dispuesto a perder. Cien medallas de plata nunca serán igual a una de oro. Yo de oro solo tenía dos medallas de Hapkido, en Taekwondo mis medallas solo eran de plata, pero hoy me ganaré la primera de oro.
Llegamos al coliseo y veo a las delegaciones, cada una por su lado hasta que se incorporan en un sitio de la gradería. Después de esto salgo a caminar con Valeria con la intención de encontrarme a Luque. Después de encontrarlo, lo saludo y le pregunto como ha seguido su vida. Después me retiro. No se puede congeniar mucho con la competencia y tampoco se puede tener amigos en tu categoría de peso.
Miro mi categoría y me doy cuenta que ahí treinta competidores y me va a tocar hacer cinco combates para llegar a la final. Yo soy muy malo de estado físico, y esto me baja el animo un poco. Pero Valeria supo como subirme el animo.
- Tu puedes con todos mi rey- dice ella dándome ánimos.
- Lo sé, pero no se si pueda con todos hoy- respondo nervioso
-Yo se que puedes, igual no importa si ganas o pierdes. Siempre te voy a amar- dice en forma cariñosa y me da un abrazo.
Finjo que esta conversación me ha ayudado para quitar mis nervios, pero no es así. Ya casi me llaman al cuadrilátero y estoy calentando.
"No se puede mostrar patadas mientras se calienta" decía mi maestro de Hapkido. Y en este ámbito siempre le obedezco.
El primer combate lo gano por dos puntos de diferencia, casi al ras y termino muy cansado. Mi Coach me dice:
- No te canses, dosifica tu energía. Aun te quedan cuatro combates más. Quítate los implementos y recupérate.
Yo asiento con la cabeza y me acuesto boca arriba con las piernas colocadas en una pared.
Mi segundo combate lo gano en el primer round, y en el segundo round solo tuve que cubrirme. No hizo falta hacer más puntos.
Así van pasando los combates hasta que llega la final. Pero Luque no está allí. Le han ganado y me voy a enfrentar contra el que le ha ganado. Con muchos nervios entro al centro del tatami. Saludo con cortesía, me coloco en guardia y doy un gran grito de combate.
En la medida que empezamos el combate nos estudiamos haciendo fintas, el me marca el primer punto a la pechera, este muchacho es muy rápido. Yo lo espero y cuando vuelve a intentar golpearme , reaccionó con una patada a la cara. El combate sigue muy reñido. Los dos cometemos muchas falta, pero el ha cometido más que yo. En este momento ya se va a terminar el segundo round. Yo no esperaba llegar tan lejos, me conformaría con perder aquí. Lamentablemente el destino no lo quiso así. Justamente iba perdiendo, pero faltando 10 seg para acabarse el encuentro acierto con dos patadas a la cara. Nos mandan a nuestras posiciones y se disponen a contar los puntos los árbitros. Nos informan que el combate está empatado e iremos a muerte súbita.
Casi de inmediato al empezar, mi contrincante me golpea con una bandal a la pechera. Sin lugar a duda ya se acabaría el combate, pero los árbitros no vieron el punto. Sigue el combate y se repite la acción pero ellos siguen sin ver nada. Hasta que al yo lanzar mi primera patada, mi adversario me golpea en mi diafragma de nuevo con la misma patada, pero mucho más fuerte. Al fin los árbitros dan ganador a mi contrario, pero yo no me puedo levantar del piso. El golpe me dejo muy mal y vomito en el cuadrilátero. Valeria que estaba grabando todos los combates se preocupa y llama a los médicos del lugar, que me asisten de inmediato. Cuando por fin me reincorporo voy a saludar a mi oponente. Le doy las gracias y subo al podium en el lugar del lado del campeón. Esta vez no gané, pero en el siguiente torneo más vale que se cuide.
Mientras vamos en el bus de regreso a casa me voy al lado de Anastasia, porque Valeria no se acercaba a mi en público. Ella vivía con miedo y yo estaba cansado de vivir con miedo. Anastasia era una chica que me golpeaba sin razón. Lo bueno era que yo también la podía golpear y no haría show como unas compañeras de mi salón de clase.
En el trayecto Anastasia se queda dormida en mis piernas y mientras duerme yo le doy lentos besos en el cuello y la acaricio. Se ve tan tierna dormida.
Días después en una revisión médica que tenía yo. Ella también fue citada. Nos reíamos de todo, y también nos golpeábamos por todo. La gente por la calle nos miraba muy raro. Es mal visto que un hombre golpee a una mujer para la sociedad. Pero con ella mi moral era distinta. Yo la apreciaba mucho. Sentado afuera del consultorio de la medico, comenzamos a flirtear. Yo tomo la mano de ella y le doy una pequeña mordida atrás de la muñeca. Y mientras yo estaba inclinado, ella me muerde en la parte de atrás del cuello. De inmediato le suelto la mano. Minutos después le muerdo la espalda. Ella me toma el cuello e intenta morderme pero yo no me dejo.
- Me voy a vengar- dice amenazándome
- Usted no se puede vengar, yo la muerdo y usted se deja. Así funciona- digo intentando persuadir a Anastasia.
- Hágase el bobo y veras como te va a quedar el cuello después de mi mordida.
No entiendo porque me quería morder el cuello. Sin embargo yo la provoco de nuevo mordiéndola en la espalda. Y ella me agarra fuertemente el cuello y me lo muerde dejándome una marca en el.
- Te lo advertí- dice satisfecha.
-Ni me dolió- respondo pareciendo el fuerte. Pero en realidad me dolió mucho.
Soltamos las carcajadas por mis gestos faciales y ese día nos dejamos de morder. Al día siguiente era increíble el dolor en mi cuello. Cada que tocaba la parte afectada lo sentía como si hubiera dormido en una mala postura. Por esto me tenía que vengar.
Era muy bueno tener a alguien con quien molestar de esa manera. Una mujer sencilla y humilde lo merece todo. Y si es de las chicas rudas, mejor para mi. Tampoco tenía la intención de ser algo para ella. Solo me gustaba mucho nuestra amistad.
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Nadie nace campeón
Teen FictionTrata sobre un chico inseguro que al empezar a entrenar artes marciales consigue seguridad en si mismo, una hermosa novia y los mejores amigos de toda la vida. En su carrera deportiva llega a ser el número uno a nivel nacional. Pero todo esto no es...
