El dia siguiente

236 14 1
                                        

De inmediato en el transcurso de la fiesta a mi casa comienzo a sentir las consecuencias de la pelea en mi rostro, empiezo a sentir punzadas en las partes afectadas de mi cuerpo y al mirarme al espejo me doy cuento de que tengo los pómulos abultados y a duras penas puedo abrir los ojos. "En que rollo me he metido" pienso al ver que tengo que dar una explicación por mi cara.

Al llegar a casa digo que estoy muy cansado y me cubro la cara tapándomela con una gorra y mirando hacia el piso. Subo rápidamente a mi cuarto y me duermo para que mi madre no vea lo que me ha pasado. Mis padres me creen y puedo dormir tranquilamente.

Al día siguiente el dolor en mi cuerpo era el doble, en este instante me di cuenta de que estaba jugando con fuego y corrí con un poco de suerte la noche anterior. Las consecuencias hubieran podido ser desastrosas, no esperaba un resultado así. Creí que iba a ser como el otro día en mi casa.

Me levanto, me baño y desayuno. Mis padres no están en casa afortunadamente, salieron temprano a hacer ejercicio junto a mi hermana. Me pongo hielo por todas partes, el dolor es increíble y el hielo es mágico.

Al llegar mi madre y verme en este estado me dice muy asustada - Anoche te propinaron una golpiza ¿no es cierto? Por eso no quisiste dejarte ver y huiste a tu cuarto.

- Madre, ayer tuve una pelea con el mejor peleador del colegio. Si, me golpearon y muy duro pero si te consuela saberlo yo gané el combate. - digo intentando tranquilizar a mi madre.

- Usted ayer fue a que le dieran duro- dijo en tono burlón para hacerme sentir mal.

- Si madre y lo disfrute - dije en tono gratificante.

La verdad no pensé que mi madre reaccionara de esta manera, fue mejor de lo que esperaba. Venturosamente no salí castigado. De igual manera no salí en todo el fin de semana, no quería que nadie me viera con esta cara magullada que tenía.

Los chismes vuelan y el lunes a primera hora todo el mundo en la escuela de nuevo estaba hablando de mi y de mi "maravillosa" estrangulación. Ese día sentía esa incómoda sensación de que Blader se iba a querer vengar de mí. Ese día se me hizo eterno y aún tenía los ojos con moretones pero nadie los notó.
Ese mismo día al ir a mi academia a entrenar mi maestro me dice:

- ¿Fred sabes la estupidez que cometiste al arriesgarte tanto?

- Maestro, no sabia lo que hacia al aceptar la invitación. Nunca pensé que me fuera a exponer tanto al riesgo - digo a modo de justificar mi comportamiento.

- Espero que esto te sirva para que no lo vuelvas a hacer. Yo aquí no entreno peleadores callejeros. Cuando tu peleas y te pagan por hacerlo como lo hiciste tu te estas prostituyendo, estas vendiendo un espectáculo, estas exponiendo tu integridad física para entretener a terceros - me sermonea mi maestro - espero que no me vengas a decir que estas lesionado porque no te voy a recuperar ni te celebrare la gracia - agrega mi maestro decepcionado.

Asiento con la cabeza y me cambio la ropa para empezar a entrenar.

No dejo de pensar en que cometí una idiotez por el solo capricho de querer demostrar que era el mejor. "Jamás volveré a participar en peleas clandestinas" pienso.

Una semana después Blader me manda una solicitud de amistad al Facebook. Yo la acepto y recibo de inmediato un mensaje de él que decía:
-Hola Fred que buena pelea la de la otra noche, me hiciste ver la luz por un momento. No lo esperaba de ti. Pero quiero que si tienes tiempo me enseñes a pelear, quiero pelear como tu.

No puedo creer lo que acabo de leer y quedo inmutado. Nose que decir y pienso mi respuesta un rato.

-Si, fue una gran pelea, me diste una tunda. Claro que sí, yo te enseño no hay problema.

Esa fue mi respuesta, lo cite una mañana de domingo pero nunca apareció. Me dijo que si le iba a enseñar con llaves no le enseñara porque no le gustaba el combate así.

Esas llaves me salvaron en un momento inoportuno y no las dejaría de practicar, esa fue mi decisión y por lo tanto no le enseñe nada a Blader. Además no confiaba lo suficiente en él y con el conocimiento dado lo podría usar en mi contra.

A los tres meses me volvieron a retar para otros torneos pero inmediatamente rechazaba. No me interesaba ser popular, tampoco demostrar mis habilidades que por cierto ya las había demostrado y mucho menos me interesaba el dinero. Por lo tanto mi respuesta siempre era un rotundo "No".

Dentro de poco tendría un fogueo con las delegaciones de distintos municipios, era una competencia de la liga de Hapkido donde podría ver que tal había estado a comparación a mis últimos años.

Por este tiempo en mi academia no volvieron a hacer combates. Los combates se volvieron muy escasos cada vez habían menos, mi maestro temía que si se hacían combates se lesionarían y él lo quería evitar a toda costa. Yo en cambio siempre quería más. Por lo que le dije a un compañero que al finalizar los entrenos se quedara conmigo haciendo combate, de piso en particular. Veíamos vídeos en YouTube para aprender técnicas nuevas y en mis ganas de mejorar mi aguante de respiración cometo otra estupidez.

Al finalizar el entreno le digo a mi compañero Felipe que me aplique un mata león. Entonces yo aguantaría lo que más pudiera la respiración en mi afán de mejorar. Él se posiciona y me aplica la llave, al principio lo soporto durante un segundo. Al quinto ya me siento ahogado y pienso en rendirme, pero luego pienso "los ganadores jamás se rinden" y continuo aguantando la respiración. En el séptimo segundo ya es demasiado y definitivamente me voy a rendir pero es demasiado tarde y me sumerjo en un sueño del que lentamente voy despertando hasta llegar de nuevo a mi cuerpo. Me di cuenta que me había desmayado y que aun sigo en mi academia. Felipe esta muy asustado por lo que acabó de presenciar y le pido que me cuente lo que pasó.

- ¿Yo te estaba aplicando la llave cierto?

- Si - respondo rápidamente

- Entonces de un momento al otro dejé de sentir que tu hacías fuerza.

- ¿y qué pasó después?

- Observé que tus manos empezaron a temblar y de inmediato te solté asustado - me dice en tono nervioso.

- Eso explica todo. Gracias por soltarme.

Ese día llegué muy asustado a casa e intenté no contarle a nadie sin embargo se lo conté a mi padre bajo la promesa que pase lo que pase no se lo contaría a mi madre.

Nadie nace campeónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora