Seis años después

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Canción: Mi primer día sin verte - Los enanitos verdes

Advertencia: Un poco de OOC en los personajes, jajaja. 

Capítulo 3: Seis años después

Era ya de noche y las luces de la ciudad lo iluminaban todo, el viento soplaba con bastante fuerza. Mientras las calles parecían animadas, dentro de la casa del rubio, el ambiente lúgubre lo inundaba todo.

—¿Estás seguro, Naruto? —preguntó Kushina a su hijo, el cual demostraba su seguridad en aquella mirada, llena de odio, de deseos de venganza.

En ese aeropuerto, donde se encontraban los dos, Naruto comenzaba a tejer los hilos de su plan.

—Claro, mamá, no te preocupes... todo irá bien —por un momento pareció ser el Naruto de antes, aquel que con una sonrisa podía arreglarlo todo, pero ese Naruto rápidamente se esfumó, dejando sólo al actual, frío y calculador. Ese que no creía en nadie.

—De acuerdo, pero prométeme que te cuidarás... no quiero perderte a ti también, como a tu padre —ella bajó la mirada, estaba preocupada, asustada, no sabía de lo que sería capaz su hijo ahora, él no era el mismo de antes, desde que se sentía herido y traicionado por esa chica que había amado, Naruto había cambiado.

—Sí —fue todo lo que respondió él, antes de despedirse y abordar su vuelo.

*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*·_·_·*

Los rayos del sol se colaban por la ventana, dando directamente sobre el rostro de una persona, alguien que se veía muy triste. Acababa de abrir sus hermosos ojos a un nuevo día, uno más de su triste existencia.

—Seis años han pasado... y aún te extraño... —susurró Hinata. Se encontraba sentada sobre una amplia cama matrimonial, en una lujosa habitación. En sus manos tenía un pequeño oso de peluche, el que le fue dado por Naruto seis años atrás.

Se levantó de la cama, se puso una bata del mismo color que sus ojos y caminó hacia el pasillo. Bajó las enormes escaleras de lo que parecía ser una mansión y llegó hasta el recibidor, en donde observó la puerta de entrada que estaba cerrada.

—¿Qué se le ofrece de desayunar, Hinata-sama? —preguntó una empleada de la casa, una mujer ya mayor. Hinata le sonrió como siempre lo hacía y la mujer le devolvió el gesto.

—Lo que tú prepares está bien, Nana-san —respondió Hinata. Luego de eso, siguió hasta el comedor, en donde se encontraban varias personas sentadas a la mesa.

—Buenos días, prima, qué tarde te has levantado hoy —la saludó un muchacho alto, de cabello castaño y los ojos color perla, iguales a los suyos. Él era muy apuesto, aunque parecía bastante serio.

—Buenos días, Neji nii-san —le respondió a su primo con dulzura en el tono de su voz, luego miró a su progenitor, quién también estaba sentado a la mesa—. Buenos días, padre —lo saludó con una expresión más dura—. Buenos días, Hanabi-chan —se dirigió hacia su hermana menor, una preciosa joven ya universitaria, de unos 21 años.

—Sí —respondió Hanabi, que era muy parecida a Hinata, con la diferencia de que su cabello era más corto y claro.

—Tu esposo se ha ido a la empresa ya, así que deberías darte prisa —dijo Hiashi con su habitual tono tranquilo y algo indiferente. Hinata sólo le miró despectivamente, asintiendo con la cabeza. Desde hace seis años, desde que la obligó a casarse, lo despreciaba profundamente, aunque se tratara de su propio padre.

—Claro, lo haré.

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—No importa cuántas veces lo intente, sigo llegando tarde —decía una joven rubia y de ojos azules, entrando apresuradamente a un estudio fotográfico.

El Error de AmarteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora