Desastroza mañana 2/2

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Mientras Akamaru ladraba y jalaba de su correa, Kiba hacía todo lo posible por retenerlo, su amigo se estaba portando de modo inusual ese día, no le dejaba estar tranquilo para poder hablar por teléfono, aunque, de todos modos, de las dos personas a las cuales había llamado, ninguna le respondía.

—Vamos, Hinata... —murmuraba al celular, pero nada, solamente volvía a sonar la voz automática, diciéndole que el número que marcaba estaba fuera de servicio. En ese momento, su perro volvió a jalar de la correa, llevándoselo consigo—. ¡Akamaru, tranquilo! —exclamó, tratando de no dejar caer el aparato.

Llevaba rato tratando de comunicarse con su amiga Hinata, pero ni ella ni Ino le atendían, ¿acaso hoy era el día de ignorar a Kiba? ¡Incluso Akamaru no acataba sus órdenes!

—¿Qué te pasa, Akamaru? —cuestionó, en lo que su perro corría detrás de una esquina, justo ahí, se detuvo de golpe, tirándolo al suelo. Kiba se golpeó la rodilla, pero logró salvar su teléfono de recibir un fuerte golpe—. ¿Qué te sucede? —volvió a preguntar.

—¿Y este quién es? —preguntó un sujeto de apariencia ruda y descuidada, el cual tenía en la mano una navaja, misma con la que intimidaba a una joven de cabellera anaranjada, a quien Kiba reconoció enseguida.

Akamaru daba fuertes ladridos, generalmente era tranquilo, pero podía ser muy agresivo cuando quería, así que el tipo se intimidó y chasqueó la lengua.

—¿Qué le pasa a este perro estúpido?

Kiba vio lo que estaba pasando con el ceño fruncido, ese idiota intentaba robarle a la chica, así que se levantó del suelo y la miró.

—Sasame —dijo, llamando su nombre—. Ven aquí.

Ella, de un salto, corrió hacia Kiba y se paró detrás de él, pudiendo notar su fuerte espalda y brazos, ya que iba vistiendo una sudadera sin mangas. Se sentía muy tonta, ya que su corazón había comenzado a latir frenéticamente en cuanto lo vio llegar.

—Oye... —el delincuente lo miró de mala gana—. No te metas en mis asuntos, niño bonito, ¿o acaso quieres una cicatriz en ese rostro? —preguntó, mostrando con imponencia su navaja—. Esa chica y yo estábamos hablando, vete y te perdonaré.

El castaño le devolvió una mirada aterradora a ese hombre, lo que más odiaba en el mundo, era a esos imbéciles que se aprovechaban de las mujeres indefensas, no iba a permitir que ese tipejo se saliera con la suya, ahora entendía el comportamiento tan errático de Akamaru.

—Ya cállate —respondió, lazando un escupitajo al suelo y luego tronándose el cuello—. Tira eso y peleemos como hombres, ¿o te da miedo?

El tipo no respondió, simplemente se lanzó contra Kiba, con su arma en mano, pero tan pronto como llegó junto a él, el castaño le agarró la muñeca para detener su ataque y luego le propinó una feroz patada en el estómago, que lo dejó completamente sin aire. Cuando el atacante cayó al suelo, llevándose ambas manos a la zona golpeada, Akamaru no dudó en echársele encima y morderle uno de los brazos, haciéndolo gritar del dolor.

—Eso te pasa por imbécil —dijo Kiba, para luego voltear hacia Sasame—. ¿Estás bien? ¿No logró hacerte daño?

La chica solamente pudo negar con la cabeza, sorprendida ante lo que acababa de ver, no tenía idea de que un hombre que lucía tan amable y pacífico como el veterinario Kiba Inuzuka, en realidad fuese un completo temerario; cada día se sorprendía más con él.

Después de que la policía se llevara a ese sujeto, Kiba y Sasame se encontraban sentados en el parque, charlando, mientras Akamaru se rascaba detrás de la oreja con su pata trasera, muy satisfecho por lo que había hecho.

El Error de AmarteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora