14 de Diciembre de 2018, Sacramento, California.
Salté del asiento cuando David lanzó un adornito de porcelana contra la pared y este se hizo añicos en medio de un estruendo. El repentino ataque de cólera de mi hermano me hizo darme cuenta de que derramaba lágrimas, así que las sequé. Me dolía la cabeza y el mundo me daba vueltas, pero ese era el menor de los asuntos por atender. Pasé la mano descuidadamente por mi cara en un intento de barrer las lágrimas y aspiré por la nariz.
—Cálmate. No va a servir de nada que rompas figuritas —dije con la voz rota. No servía de nada fingir entereza. Estaba perdida y esta vez no tenía idea de cómo saldría del hoyo. Estaba confundida y me sentía viviendo en un sueño, una pesadilla, y parecía nunca terminarse.
Reprimí un sollozo al recordar los sucesos de las últimas horas. Había sido usurpada y me habían roto el corazón. Maldita sea.
Estaba enojada conmigo misma, por haber sido tan estúpida, por haberme dejado arrastrar otra vez.
¡Carajo! ¿Qué no era obvio que me había estado viendo la cara todo el tiempo? Sólo tenía que mirarme en un espejo. Tal vez mamá tenía razón en todo lo que decía sobre mí. Yo era fea, gorda, todo menos elegante, ingenua, fácil. Cada uno de estos adjetivos en el peor sentido de la palabra. ¿De dónde había sacado yo que un tipo como James de verdad me iba a poner esa clase de atención?
¿Pero por qué todo había parecido tan real? Había cosas que no hacían sentido, situaciones, palabras. Si no había algo de verdad en ellas, entonces James y su séquito eran unos actores psicóticos y terriblemente buenos.
Al salir del edificio de Joule's, lo primero que hice fue darme un puñetazo en la cara. Así es. De mí para mí. No soporté la idea de que todo esto era mi culpa y pensé que lo merecía. Todavía lo pienso. De hecho, después, cuando mi hermano saliera por un café y algo de comer, estaba autolesionándome otra vez, me estaba matando lo afligido que él se veía y poco a poco sentía que la oscuridad envolvía mi corazón y mi vida. Las secuelas del incendio: costillas rotas y brazo roto, además de daños en los pulmones, parecían no ser suficiente en comparación a lo que yo sentía que merecía.
—¡Cabrón hijo de puta! —continuaba gritando David—. Maldita sea, Julia. Tendría que haberme dado cuenta, tendría que haberte obligado a que te quedaras en casa.
—No lo habría permitido. Además, es obvio que James nos engañó a todos.
Johanna, que estaba también en la habitación, comenzó a recoger las piezas desperdigadas del adorno.
—Lo hizo —coincidió mi amiga, concentrada en su tarea para evitar lastimarse con las piezas más afiladas—. Lamento haberte aconsejado que salieras con él.
—También lo lamento yo —graznó David, consiguiendo una escoba para ayudar a Johanna.
—Ya está hecho.
Me encogí de hombros y salí de la cocina en una nube de lástima.
...
18 de Diciembre de 2018.
—¡Julia! ¡Julia, espera, maldita sea!
Dejé la caja a mis pies y me volví para encararlo. El fuego corría por mis venas y la traición estaba escrita en toda mi cara. ¿Qué podía querer? Ya me había quitado mi empresa. No tenía una casa o una abuela y me encontraba gravemente endeudaba.
Era doloroso encontrarse tan cerca de él, ver el azul cristalino de sus ojos como era realmente: frío; saber que su alma en realidad estaba congelada y que de su boca sólo salían mentiras.
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PISTAS DE QUIÉN SOY (Saga Pistas #1)
RomanceSer una mujer de negocios y una madre soltera no puede ser sencillo. Es por eso que nadie sabe cómo es que Julia Blackburn consigue manejar su vida. La realidad es que los eventos negativos de su pasado la mantienen atada de manos en sus relaciones;...