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Jueves 14 febrero 2019, San Francisco, California.

Sorprendentemente, había sido muy bien recibida en mi nuevo puesto, las personas con las que había convivido hasta el momento eran amigables y no le tenían miedo al trabajo duro, algo que especialmente admiraba en las personas. Comenzaba a establecer una rutina y a recuperar la cordura. Cada mañana despertaba, dejaba a Marie en la escuela y regresaba a casa para comer algo rápido, después salía hacia la oficina, me preparaba un café en la sala de descanso y me ponía manos a la obra. Por la tarde recuperaba a mi hija, preparaba algo de comer para nosotras, ayudaba con su tarea y me ponía a arreglar alguna de las cosas que todavía faltaban de solucionar respecto a la mudanza.

Envié a David, Gaby, Linda y Johanna un mensaje de San Valentín mientras esperaba que me entregaran unos diseños. Justo la última semana habíamos estado desarrollando publicidad con esa temática y no me quejaba en lo absoluto de los resultados. Fue algo complicado para mí separarme de mi propia experiencia en el amor para desarrollar productos, frases, anuncios e imágenes que precisamente estuvieran pensados para la gente enamorada. Pero yo ya no estaba enamorada ¿o sí? Vehemente quería pensar que no, que ese sentimiento tan fuerte por James había muerto junto con su traición, pero muy en el fondo, y jamás lo admitiría ante mí misma, no estaba tan segura de ello.

De vuelta al tema de los mensajes que redactaba, David me hizo más conversación de la que esperaba, preguntó cómo iba todo y me aseguró que él estaba bien después de preguntarle unas cinco veces cómo se encontraba; Johanna dijo que vendría a fin de mes para pasar unos días conmigo y Linda y Gaby mandaron emojis y stickers de corazones.

Terminadas mis tareas en la oficina, fui directamente a mi siguiente parada. La escuela de Marie estaba cerca del trabajo, por lo que me era más fácil estar al pendiente de ella, además, la casa de Fee estaba localizada en un área familiar bastante segura de la ciudad, así que me sentía bien, segura. Conocía a la mayoría de los vecinos del tiempo que viví aquí, muchos también me reconocían y me recordaban y fueron increíblemente hospitalarios, comprensivos y respetuosos, además respondieron con tristeza ante la noticia de la muerte de Fee.

Vi a mi hija cruzar la puerta de la primaria y subirse al coche con ayuda del hombre de seguridad, se veía alegre, algo que siempre me animaba ver. Llevaba un dibujo de una mariposa en una mano y, a medio camino, reparé en que sacó una barrita de cereal restante de su lonchera y comenzó a comerla. Saber que no había desarrollado ningún trauma era algo que agradecer al cielo, se le comenzaba a notar igual de risueña que siempre. Tenía planeado volver a conseguirle clases de danza, pero eso sería hasta después de que recibiera algo más de mi primer sueldo. No quería perder lo que sobrara de ese dinero tan rápido, ahora definitivamente necesitábamos ahorrar un poco y no podíamos permitirnos excusas tontas como antes.

Dado que yo sí había desarrollado traumas, un extintor nuevo golpeaba en la cajuela cada que el coche se movía y este rodaba por todo el espacio libre que tenía. Podía parecer tonto, pero no lo era. Ahora estaba sola con Marie, David y Johanna vivían en otra ciudad y, a pesar de que me llevaba bien con la mayoría de los vecinos, necesitaba tener aseguradas ciertas cosas, como uno, dos, tres o veintisiete planes de escape en caso de ser necesario. No estaba perdiendo otra casa y vive Dios que no iba a volver a un hospital en mucho tiempo, así que cuando vi el extintor en oferta en Home Depot, mientras buscaba silicón para sellar una ventana que se estaba saliendo del marco, no dudé en comprarlo.

Los números de emergencia estaban pegados en el refrigerador, en los botiquines del baño y en toda clase de lugares inesperados. Había gastado mucho tiempo en explicarle a Marie qué hacer con ellos y para qué era cada uno, pero era importante que ella supiera manejarse un poco por sí misma en caso de que yo no estuviese disponible. Algo que me tranquilizaba era que todos los habitantes de la unidad pagábamos una pequeña cuota para mantener a las patrullas de policía cerca, existían botones de emergencia en las esquinas y nunca faltaba luz por la noche. Si todo esto no fuese una garantía, jamás me habría mudado yo sola, habría tenido que quedarme en casa de David y ver el edificio de Joule's casi a diario, más, a veces, la vida no era tan cruel y aun en las peores situaciones no te dejaba sin recursos.

PISTAS DE QUIÉN SOY (Saga Pistas #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora