XXVI

25 2 0
                                    

22 de abril de 2019, San Francisco, California. Superior Courthouse.

No le perdí el paso a Marie mientras Johanna entraba con ella en la sala. Habíamos pasado las primeras fases del juicio hace una semana, la primera sesión fue parecida a la audiencia, solo que un jurado se hallaba presente. Se expusieron las circunstancias y, tanto Charles como yo, comentamos nuestros puntos. Si esto fuese el primer tiempo de un partido de futbol, mi equipo iría perdiendo.

Volteaba cada cosa que decía. Cada maldita cosa. Lo peor fue la parte de mi trabajo.

—La señorita Blackburn no tiene un estilo de vida estable. Hace dos meses fue despedida del trabajo que consiguió después de ser echada de su propia empresa.

—¡Objeción! —rebatió mi abogado—. Mi cliente consiguió otro trabajo en un tiempo récord.

—¿Y en dónde sería eso? —preguntó el Juez.

—En un restaurante local llamado Quesito —aclaré.

—¿Cuál es su puesto?

En ese momento supe que no había forma de que esto se utilizara a mi favor.

—Soy... soy una mesera.

—¡Una mesera en un restaurante local! —gritó Charles desde la otra tribuna.

—Es un buen lugar —comenté—. Podrá parecerle poco, pero estuve en el mismo puesto años atrás, mientras estaba embarazada y después de que mi hija naciera, mientras continuaba mis estudios. El salario es bueno. Mi despido de Arte y Duarte fue inesperado, su señoría. Cuento con una maestría, no tardaré en encontrar algo suficientemente bueno.

—Claro, hasta que vuelvan a despedirte y tengas que volver a ser mesera...

—Bien, bien. Orden, ambos. —ordenó el juez. Tanto Charles como yo volvimos a nuestras respectivas sillas aguantándole la mirada hostil al otro.

—Su señoría —habló el señor yunque—, estará de acuerdo conmigo en que un infante necesita una persona con recursos suficientes para cubrir cualquier gasto. El señor Smith posee solvencia económica suficiente. Cualquier imprevisto quedaría cubierto. Su educación, el servicio médico, ropa, comida, juguetes... Lo tendría todo. En cambio, con la señorita Blackburn, eso es incierto.

Pude ver que, en la mente del Juez, el señor yunque tuvo un punto. Esa no fue la única vez, hubo muchas otras más y para el final de la sesión, me encontraba abatida.

Naturalmente, las palabras de Marie serían determinantes. Confiaba ciegamente en ella, aunque nunca faltaba el que malinterpretaba las palabras o la ya conocida situación de «los niños y los borrachos siempre dicen la verdad».

Me moví inquieta mientras mi hija se sentaba en el lugar indicado. Ella buscó por la habitación hasta encontrarme, luciendo más calmada entonces.

«Mamá está aquí, pequeña. No tienes de qué preocuparte. Todo saldrá bien. Mamá lo arreglara todo» —le transmití desde mis pensamientos. A ver, ya sabía que no teníamos poderes telepáticos, pero las vibras estaban allí.

Respiré para calmarme. Todo saldría bien. Por sugerencia de nuestro abogado, habíamos practicado una serie de probables preguntas similares a las que le harían en unos momentos. Ella había contestado todo a la perfección ese día, no tenía por qué ser diferente.

—¿Cuál es tu nombre completo? —comenzó el juez, dirigiéndose a mi hija. Noté que su cabello negro estaba más corto que la sesión anterior.

—Soy Marie Anne Blackburn King.

—Mucho gusto, Marie Anne. Yo soy el Juez Francis Doss. ¿Sabes por qué estás hoy aquí?

PISTAS DE QUIÉN SOY (Saga Pistas #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora