La rueda de la fortuna comienza a girar

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[El tiempo vuela cuando estas ocupado. Niña, no le digas o ella terminara golpeandote de nuevo...cierto, nadie puede escucharme]

El espíritu miraba el trato habitual a Dianorah por parte de la sirvienta que se hacia pasar por su tía. Los gritos eran frecuentes y la discriminación era total. La sirvienta estaba enojada con la niña por no haber limpiado la habitacion y comenzó a interrogarla.

-Mocosa inútil, así me pagas el estar cuidando de ti por siete años, no limpiaste! Qué estabas haciendo? Responde- encajándole las uñas en el brazo, preguntaba los motivos

-Yo solo estaba leyendo un libro y...-sin poder terminar su oración recibió una cachetada que la derribó al suelo

La sirvienta la agarró de los pelos y la volvió a golpear para dejarla llorando en el piso.

-Asquerosa sangre sucia, esto no es una biblioteca, es por eso que nadie te quiere. Porque eres inútil, tus padres te dejaron conmigo. Limpia antes que regrese, si es que quieres comer hoy-

La sirvienta arrojó un vaso al piso que terminó rompiéndose y se retiró. La niña empezó a recoger los pedazos y se cortó la mano. Sangre y lágrimas caían al suelo. Un lamento desconsolado fluyó sin parar, haciendo que el espíritu le hablara pero sin recibir respuesta.

[Te dije que no le dijeras, mejor estudia de noche para irte de este basurero algun día. Si fuera tú, le hubiese robado todo y escapado hace mucho tiempo. Puede que hayan ladrones o asesinos fuera pero comparado con esto, todo eso es pan comido]- el espíritu trataba de acariciar a la niña para reconfortarla aún sabiendo que era inútil

-Quiero ir con mamá.......- lágrimas fluían sin cesar mientras limpiaba

[Ay Dian, tu madre no está muerta. Si supieras quien es y que hizo contigo, más que seguro que no estarías llorando por un costal de mierda como ella]

**

Entre los tantos recados que las sirvientas obligaban a realizar a Dian, estaba el de limpiar la platería y las lámparas de bronce que pesaban más que la niña. En una de esas tantas limpiezas, decidió escaparse un momento y ver a escondidas la fiesta de cumpleaños que habían organizado en honor a la joven señorita y el joven amo del ducado.

Lucia y Ronald Donovan, cumplieron 5 años y para festejar, los duques invitaron a todos los hijos de nobles y aristócratas de la región. La multitud se desplegaba en sectores preparados en el inmenso jardín para mayor disfrute. Dian se había ocultado entre los arbustos y contemplaba maravillada la fiesta. Imaginaba otra vida; una donde estaba comiendo y jugando con los otros niños.

De repente, su brazo izquierdo empezó a palpitar. Se remangó la camisa y notó que un símbolo extraño se estaba formando sobre su cicatriz. Parecía un garabato de una brújula mal hecha y se quedó pensativa. El espíritu por su lado, estaba estupefacto y miró hacia la multiud buscando algo fuera de lugar.

[Esto es malo Dian. No creí que vería algo así y de entre todos esos bastardos. Gracias al creador puedes ocultar esa porquería bajo tu ropa, quien sabe lo que pasaría si saben que tú eres un santo. Puede que incluso la escoria de padres que tienes, intenten usarte como peón]- el espíritu estaba burlándose del destino más hórrido que tenía Dian por delante

Cuando Dian se acomodó la ropa, salió corriendo y terminó chocando con alguien. Ese alguien para su mala suerte acumulada, resultó ser la duquesa.

La duquesa Nancy lucía asustada al ver a la niña sucia y llena de moretones frente a ella. Comenzó a sentir pánico y remordimiento. La niña se inclinó para mostrar respetos a la señora de la casa para al final ser arrastrada por su tía, quien avergonzada por la situación, pidió disculpas. Nancy atinó una advertencia a la criada y a la niña, de no volver a cruzarce frente a ella. Dian supuso que su aspecto era desagradable a la vista de cualquiera y siguió a su tía con tristeza.

Su tía la azotó, la castigó sin comida ni agua y la envió a dormir al ático del taller por su desobediencia. Dian solo quería desaparecer y entre sus lágrimas, empezó a ver un orbe azul casi traslúcido que la guiaba abajo y le señalaba una de las tantas camionetas. Como invitándola a entrar dentro, abrió la puerta e ingresó. El orbe se movía frenéticamente hasta detenerse en la guantera. Dian lo abrió y encontró galletas, chocolates y una botella con jugo. Hoy no moriría de hambre y eso la puso feliz.

Al terminar de comer, el orbe se dirigió a la parte trasera de la camioneta y se posó allí esperando por Dian. La niña se dirigió atrás y se acomodó mejor sobre los bolsones de mercancía vacíos. Obtuvo comida y abrigo, con eso le bastaba. Empezó a seguir con la mirada al orbe que estaba tratando de comunicarse infructuosamente, así que ella decidió seguir el ritmo de una conversación sin sentido hasta quedarse dormida.

Amaneció y la camioneta arrancó rumbo al mercado. Dian despertó y se dió cuenta que había salido de la mansión sin querer. Las bolsas sirvieron de escondite perfecto. Cuando la camioneta se detuvo, Dian dudó si bajar o no, así que espero que los hombres bajaran primero y el orbe inició su movimiento, instándola a huir. Corrió lo más lejos que pudo y el orbe le indicó otra camioneta.

Viajó por varias horas hasta un pueblo cercano, dónde volvió a esconderse con ayuda del orbe, que terminó guiándola hasta una vieja iglesia. Las monjas la recibieron como una huérfana más y la ayudaron cuando ella mintió sobre que estuvo siendo abusada por ladrones de mala monta.

**
Pasaron ocho años y Dian ya estaba en plena adolecencia. Consiguió trabajo como criada de un profesor de la academia, quien la adiestraba al ver su capaciadad y diligencia a la hora de aprender.

-Nora, ¿podrías traerme los libros de Haines y el manual de Price? Necesito reformular las preguntas del examen. Este año se las voy a poner difícil- el profesor bebía su té y revisaba los libros sobre la mesa

-Aquí tiene profesor Jones. Disculpe la molestia, pero ya terminé con la limpieza de los balcones y me preguntaba si podía...-

-Claro que puedes leerlos, para eso están los libros. Llévate el que gustes-

-Muchas gracias, profesor-

La rutina consistía en limpiar desde temprano para luego tener tiempo de leer. El orbe constantemente la ayudaba escogiendo libros que le serían de mucha utilidad algún día. Incluso la guiaba en la compra de periódicos o revistas, dónde leía y se informaba de las últimas tendencias y chismes de la capital.

Su nivel de destreza y conocimiento era formidable que, cuando le dieron un puesto permanente al profesor Jones, este decidió llevársela con él hasta la academia en la capital real de Rubins.

Dulce DomingoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora