Jim

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John se dejó caer sobre el sillón, agotado emocionalmente. Se acabó, Sherlock se largaba, mientras él se lamentaba en las sombras, con miedo a impedirlo. ¿Podría vivir en ese piso, sabiendo quien era su primer alquilado? Necesitaba a su amigo al lado, aunque le incordiase en todo momento. Y ya no era únicamente por no sentirse solo, era porque de verdad quería a Sherlock. Esas palabras sonaban muy fuertes en su mente, pero no había otra manera de decirlo, ahora que ya no estaba. ¿De verdad volvería? No pensaba pasar a buscar sus cosas, o eso había entendido él. El aprecio hacia el detective no tenía manera de pararse, ya no. Los ojos de John se humedecieron de culpa.

-¿John?- dijo una vocecita en el marco de la puerta.

-No se preocupe, señora Hudson.

La mujer se acercó al sillón y miró a Watson.

-¿Dónde está Sherlock? -preguntó.- ¿No viene contigo?

Negó con la cabeza y se levantó

-Pero pienso hacer que vuelva, esté segura de ello. Lo prometo.- contestó el médico, abrazando amablemente a Hudson, que se sorprendió ante tal gesto.

-Ese hombre que conocemos como Sherlock Holmes se ha ido como si de un don nadie se tratase. No puede hacer eso. Londres le necesita. Nosotros le necesitamos. Yo le necesito.

La señora Hudson no contestó,  se limitó a verle salir, con los ojos muy abiertos.

John recordó las palabras de Sherlock: "Limítate a hacer de Watson y yo me limitaré a hacer de Holmes". Por mucho que fuesen sus nombres, ese modo de decirlo no sonaba a que dejara el trabajo. No. Más bien sonaba a que a pesar de todo, no estaba acabado, aún quedaba trabajo que hacer. Pero ¿Cómo podía saberlo? Era mejor dejar de marear la perdiz.

Una vez abajo avanzó calle arriba, mirando la cristalera de Speedy's a su paso. Antes que pudiese darse cuenta, dos ojos se le clavaron como agujas tras ella. Unos ojos oscuros, llenos de odio, seguidos de unos labios cerrados y serios, que poco a poco acabaron en una sonrisa. El hombre estaba sentado junto a un té negro en una mesa individual.

John reconoció esa cara, pero intentó pasar de largo sin prestarle mucha atención.

Supo que estaba en lo cierto cuando le llegó un mensaje al móvil:

"No corras, caperucita. ¿Te doy miedo?
Lástima que no esté tú novio para defenderte.

-JM"

Las manos de Watson comenzaron a temblar, y no tuvo valor a darse media vuelta. La calle estaba llena de gente, todas las tiendas estaban abiertas y había bastante tráfico. Moriarty no se atrevería a hacer nada en esa situación.

Aceleró sus zancadas, notando una mirada fría en la nuca. Aunque hubiese cientos de personas caminando a su alrededor, sólo podía oír unos pasos concretos. Tembloroso tecleó un número de teléfono y se puso el aparato en la oreja.

-Sherlock, por el amor de dios, contesta- dijo antes que contestaran.

El teléfono descolgó.

-¡Sherlock!

Pero no fue la voz de éste la que contestó, sinó una voz rallante, risueña y cruda.

-Estás perdido, John. Ésta vez te toca jugar sin Sherlock.

A Quirky Love [johnlock]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora