—¿Estás listo? —Preguntó con una gran sonrisa.
Volkov desvió su mirada nervioso.
—¿Y sí me miran mal? —Las inseguridades lo habían estado persiguiendo toda la semana desde que Horacio le propuso ir a la marcha que habría.
—Vik, nadie te mirará mal. —Tomó su rostro para que lo mirara a los ojos. En su mejilla tenía pintada su bandera bisexual. —Jamás te juzgarán.
—Es que no sé como son este tipo de marchas. —Era la primera vez que asistiría a este tipo de evento y estaba entre emocionado y nervioso por eso.
—Tú no te preocupes que lo vas a disfrutar. —Bajó sus manos hasta colocarlas en sus hombros. —¿Quieres que pinte tus banderas aquí? —Tocó con suavidad sus mejillas y el contrario asintió tímido.
Con una sonrisa risueña buscó lo que necesita y lo hizo sentarse en la cama para que fuese más cómodo para el moreno. Primero hizo la bandera asexual y en el otro lado la bandera gay.
—Y decías que no te quedaban bien los colores. —Dijo feliz separándose de él para ver el resultado. Se acercó de nuevo y le dejó un pequeño beso en los labios. —¡Incluso tienes más colores que yo!
El jefe de la policía solo sonrió con timidez y las mejillas rojas.
—¿Listo? —Preguntó caminando hacía la puerta.
—Eh… Horacio, faltó otra bandera. —Dijo levantándose de la cama extrañado.
—¡Oh! No te preocupes por eso. Compré algo que será mucho mejor. —Desapareció por el pasillo y su esposo lo siguió curioso. Volvió con dos bolsas. —¡Esta es la tuya!
Enarcando una ceja tomó la bolsa y llevó una mano dentro de esta para sacar su contenido. Era algo de tela, ¿Una camiseta? Sacó por completo el objeto y jadeó al verlo.
Era una bandera celeste, rosa y blanca.
Era su bandera trans.
—¿Qué te parece? —Preguntó esperando expectante a la reacción de su esposo perl Volkov tomó con fuerza la bandera y escondió su rostro en ella. —¿Vik? ¿Estás…?
—Gracias Horacio. —Levantó su rostro y el de cresta pudo ver que sus ojos estaban cristalizados.
Sin dudarlo, ambos se abrazaron en silencio. Estuvieron un rato así hasta que decidieron separarse.
El moreno le colocó la bandera en la espalda del más alto como si fuese una bandera y él hizo lo mismo con la suya que había comprado también.
Con una sonrisa orgullosa salieron de su casa tomados de la mano.
Como eran agentes de la ley, su deber era brindarles protección a las personas que participarían en la marcha.
Y eso es lo que harían, pero de diferente forma.
Ambos irían vestidos con su uniforme pero también acompañados con sus respectivas banderas.
Volkov avisó por radio que irían directamente a la plaza central y que vayan sin ellos allí. Los agentes hicieron caso a su orden y el federal se subió a su patrulla junto con su pareja.
No tardaron mucho en llegar y Horacio estaba emocionado por estar ya ahí. En cambio, Viktor jugaba con sus manos nervioso.
Cuando bajaron del patrulla, se sorprendieron de la cantidad de gente y color que había en la plaza. Ya habían personas con música y bailando incluso antes de la marcha.
Sin esperar más, Horacio tomó la mano al jefe de policía y lo llevó a donde estaba la multitud. En el camino se cruzaron con Kovacs que les regaló una sonrisa.
—¡Horacio! ¡Volkov! —Exclamó. —Al fin han llegado.
—Si, nos tardamos un poco pero ya estamos aquí. —Explicó con más tranquilidad el ruso. —Por lo que veo todavía no ha comenzado.
—Tienes la bandera enganchada. —Murmuró el moreno dando unos pasos atrás y colocándose en la espalda del más alto. Con un rápido movimiento la acomodó. —Ya está mejor.
Las mejillas de Volkov se sonrojaron pero dejó ver una pequeña sonrisa agradecida. Horacio pasó un brazo por su hombro y le devolvió la sonrisa.
Kovacs, que estaba en frente de ellos, sonrió con ternura debido a la escena formada.
—Y bien… ¿Por qué han venido con los uniformes?
—Porque seguiremos trabajando. —Contestó de forma obvia el comisario.
—¡Pero de forma diferente! —Terminó la frase el moreno. Viktor asintió dándole la razón. —Estaremos vigilando pero también celebrando un poco.
—¡Oh! Bien. Disfruten del día. —Saludó alegre el comisario.
Ambos se despidieron de él y volvieron a caminar por ahí.
La gente a su alrededor los miraba asombrados y emocionados al agente del FBI y al jefe de policía. Hacían ruido, bailaban, cantaban. Era una verdadera fiesta y todavía no comenzaba.
Una vez todo estaba listo, decidieron empezar a caminar. La gente traía sus pancartas y carteles, algunos llevaban banderines mientras que otros estaban simplemente caminando animadamente.
Unas jóvenes que iban entregando banderines, detuvieron al federal de forma tímida. Horacio estaba distraído con el rostro de su esposo pero giró su cabeza para mirarlas.
—¿Q-quiere una bandera? —Preguntó una de ellas nerviosa por la persona intimidante que tenían en frente de ella.
—¡Claro! —Exclamó feliz. La compañera de la muchacha le entregó una y tenían planeado irse pero el moreno las detuvo. —Eh… ¿Pueden darme otra? Es para él. —Señaló al ruso que se había distraído con la gente que estaba bailando.
Con un rápido asentimiento, le entregó otra y volvieron con su trabajo de entregar banderines.
Horacio volvió a caminar y buscó a Volkov entre la multitud. No fue muy difícil encontrarlo y sonrió cuando lo vió. Parecía un niño pequeño que está por primera vez en un parque de diversiones. Sus ojos brillaban con tanta ilusión que el federal haría lo que fuera para mantenerlos así.
Trotó suave hasta llegar a su lado y tocó su hombro suavemente. Viktor se giró y sonrió radiante. El corazón del de cresta saltó de repente. Amaba demasiado sus sonrisas.
—¡Mira lo que conseguí! —Exclamó estirando su brazo para darle el banderín. —Una chica los regalaba y pensé que era buena idea, ¿No?
Volkov asintió observando con atención la bandera arcoiris. Alzó su mirada y le regaló una pequeña sonrisa.
—Fue una muy buena idea. —Respondió abrazándolo por los hombros para apegarse a él.
Y así pasaron aquella maravillosa.
Caminaron hasta el Pier juntos con sus banderas flameando libremente en sus espaldas y una sonrisa pasmada en el rostro de cada uno.
Puede que haya sido la primera vez de Volkov en estar una marcha de ese estilo, pero luego de aquel día, estaba muy seguro de que no iba a ser la última.
Aunque el ambiente fuese ruidoso, nunca se sintió incómodo ni mucho menos molesto, era todo lo contrario. Nadie lo juzgaba con la mirada y eso era algo que atesoraba.
Ahí podía expresar quien era y a quien amaba con todo su corazón.
Antes de llegar al Pier, el ruso tiró de la mano de su esposo para poder besarlo. Se juntaron en un abrazo y el federal pasó sus brazos por su cuello para apegarse.
Escucharon aplausos, gritos y risas a su alrededor pero siguieron en su burbuja. Cuando se separaron, siguieron abrazados y juntaron sus frentes con la respiración agitada.
—Gracias por todo. —Susurró el más alto contra sus labios.
—Siempre estaré a tu lado. —Respondió con una sonrisa.
Ambos sonrieron. Orgullosos por ser quienes eran y orgullosos por la persona que más amaban.
『 Fin 』
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Some Volkacio And Something Else
RomanceRecopilación de Oneshots Volkacio que he publicado en Twitter. (@HalfCorvus)
