Like a stupid love movie (+18)

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Se levantó apresurado y corrió al baño quitándose los pantalones del pijama en el camino.

Llegaría otra vez tarde al trabajo porque se había quedado dormido en los brazos de su pareja.

Tenía que dejar esa costumbre pero su cuerpo era tan tentador que amaba dormir junto a él en las noches de invierno.

Luego de una ducha rápida, salió con la toalla envuelta a su cintura. Buscó su ropa interior y tomó lo primero que encontró en el armario.

En este caso fueron unos pantalones negros y una camisa azul oscura. Se acomodó las prendas, se colocó los zapatos y se despidió de su pareja que aún seguía dormida ya que tenía el turno de la noche.

Con un poco de incomodidad debido a que la camisa le apretaba, salió de su casa para ir a la sede.

El día pasó de forma lenta y tortuosa. Papeleo de un lado a otro, algún que otro código tres que terminaba en persecución y una reunión con sus agentes sobre un caso.

Sinceramente no fue un buen día, y más aún cuando se dió cuenta que se había puesto una camisa que no era suya. Intentó cambiarse pero solo tenía el traje de GEO y no era una buena opción. Por lo que tuvo aguantar ese día con esa ropa.

La verdad es que no estaba tan mal, se veía bien, pero sentía que en cualquier momento la camisa se rompería con el más mínimo movimiento.

Decidió que era mejor quedarse en la oficina haciendo papeleo para no pasar vergüenza con algún accidente con la prenda.

Las horas pasaron y Horacio se quedó leyendo uno de los casos que estaba a punto de comenzar a investigar. Tendría que planearlo bien para que todo saliera perfecto.

Alguien golpeó la puerta y Horacio lo dejó pasar concentrado en la computadora.

—¿No vas a tomarte un descanso? —preguntó su mano derecha cruzándose de brazos. Conocía al moreno y sabía que a veces se quedaba hasta tarde por el trabajo, así que uno de sus deberes era sacarlo de esa oficina.

—¡Pero ya casi termino! —el contrario lo miró con severidad y Horacio suspiró derrotado—. Bien, iré a buscar algo para comer.

—Te acompaño.

Salieron de la oficina y caminaron hacia una de las maquinas expendedoras que se encontraba en el pasillo. Evaristo observó al moreno y notó algo raro en él.

—¿No te aprieta? —preguntó refiriéndose a la camisa que llevaba puesta. Horacio, que estaba bebiendo su gaseosa, se atragantó un poco.

—Me equivoqué de camisa —murmuró avergonzado tratando de ocultar su sonrojo y su compañero lanzó una carcajada.

—De Volkov, ¿No? —asintió respondiendo su pregunta mientras volvía a llevar la lata a su boca—. Vaya, creí que las camisas de él eran gigantes.

—Yo también lo creí —rió un poco—, pero al parecer, luego de lo que pasó aquella vez, perdió mucha masa muscular y su ropa comenzó a quedarle grande.

—Oh, me había olvidado que había estado en coma —comentó Evaristo caminando a su lado.

—Si… —susurró mirando hacia el suelo—. ¿Sabes algo curioso? La ropa de él de hace años me queda a la perfección y las camisetas mías que usaba de joven le quedan a él.

—¿Enserio? —ambos rieron despacio. Un agente pasó a su lado y lo saludaron al ver que se iba a descansar.

—¡Si! Yo subí mucho de peso y, luego de bajar, quedé más… ¿Robusto? —preguntó el moreno sin saber si esa era la palabra pero su compañero asintió—. Bueno, por esa razón, a veces uso su ropa antigua y a veces él usa algunas camisetas mías.

Some Volkacio And Something ElseDonde viven las historias. Descúbrelo ahora