Second chances

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Luego de volver de sus vacaciones se encontró con Horacio.

Lo había intentado.

Intentó miles de veces acercarse a él pero fue en vano.

En aquel extraño viaje pudo perdonarse. Se encontró a si mismo y pudo sanar todas las heridas que aún cargaba en su espalda.

Creía que ya estaba preparado para relaciones sentimentales.

Pero cuando se cruzó por primera vez con el agente, supo en ese momento que habían vuelto a los inicios de su relación. Solo que la persona que se había enamorado primero, se había vuelto alguien frío y que lo alejaba de él a toda costa.

Él solo quería una segunda oportunidad para vivir su vida con la persona que quería.

Pero no todo era tan fácil.

Se encontraba en frente de todos sus agentes. Estaba harto de que algunos se hicieran los héroes y no hicieran caso a las órdenes de sus superiores.

Llevó una mano al puente de su nariz totalmente estresado. Los había regañado bastante y notaba que algunos de sus agentes estaban muy tensos por el enojo que tenía ese momento.

Iba a continuar con aquel duro regaño pero una mano se posó en su hombro.

Era Horacio.

De repente, cerró la boca dejando a medias la frase que estaba diciendo y giró su cabeza bruscamente hacía él. Jamás se había acercado así al ruso y este lo sabía perfectamente.

—Déjame hablar a mi, ¿Si? —susurró el moreno adelantándose unos pasos firmes.

Volkov solo asintió sorprendido y dió un paso para atrás esperando que el agente comenzara a hablar.

—Miren, seré breve —comentó cruzándose de brazos—. Nunca había visto una malla tan incompetente como esta.

Los susurros llenaron la habitación pero la grave voz del de cresta los interrumpió dejándolos en silencio de nuevo.

—No saben acatar ni una puta orden —seguía sin levantar la voz pero aún así era más intimidante que nunca—. ¿No les caigo bien? Me importa una mierda pero acatarán mi orden igualmente.

¿Cómo es que había cambiado tanto?

Viktor se había olvidado completamente del regaño y se centró en las facciones del hombre que estaba en frente suya. Tenía el ceño fruncido y sus ojos irradiaban furia.

Aún así, se veía hermoso.

Una pequeña sonrisa se formó en sus labios y sus ojos se encogieron un poco al mirarlo.

—Y al próximo que escuche diciendo mi nombre o el de alguno de mis agentes por la ciudad, tendrá consecuencias —dijo con severidad—. ¿Entendido?

Luego de que los agentes asintieran, salió de su trance y se colocó a su lado volviendo a poner su cara y voz seria. Aclaró su garganta antes de hablar.

—Bien, ahora salgan de aquí y vuelvan al trabajo —exclamó con voz grave mirando de reojo al moreno.

Una vez estuvieron solo, el ruso suspiró aliviado dejando de lado su fachada fría.

—Gracias por… eso —murmuró en voz baja llevando sus manos a los bolsillos del pantalón.

—No hay de qué —respondió colocándose la máscara—. Bien yo me iré a la sede, estaré en radio por si me nece-

—Horacio —tomó su mano haciendo que se detuviera y girara para mirarlo.

—No —interrumpió lo que quería decir el ruso—. Ya te lo he dicho, no estoy preparado para eso.

—Una segunda oportunidad —susurró Volkov bajando la mirada entrelazando su mano con la del moreno.

—¿Qué?

—Eché a perder mi primera oportunidad de estar contigo por miedo a perderte —continuó—. Y me gustaría tener una segunda oportunidad.

—Viktor, lo que no entiendes es que vas a morir si estás a mi lado —explicó poco a poco perdiendo su frialdad y apretando su mano.

—Lo entiendo perfectamente Horacio —Murmuró mirándolo a los ojos—. Sé lo que es ver morir a las personas cercanas, sé lo que es no poder dormir porque la culpa te carcome por las noches, sé lo que es perder todo para salvar a los que quería —respiró profundo antes de seguir—. Estuve mucho tiempo culpándome de las muertes pero este año pude saber que realmente no era mi culpa. Pude sanar esas heridas que tanto dañaron a los demás —. Llevó una mano a su rostro y con delicadeza acarició su mejilla—. Así que por favor, déjame ayudar a curarte esas heridas.

Los ojos de Horacio se habían cristalizado y sus labios estaban fruncidos tratando de no dejar escapar un sollozo.

—No me importa si es una relación o no, pero déjame entrar a tu vida y estar a tu lado —el moreno apoyó su rostro en la mano del contrario cerrando con los ojos con fuerza.

—No quiero que mueras —sollozó por fin con la voz rota.

—Mírame —susurró suavemente y el agente abrió poco a poco los ojos hasta encontrarse con unos preciosos ojos grises—. No voy a morir en servicio, lo prometo. Y si muero, será por vejez, ¿Si?

De un segundo a otro, Horacio rodeó su cuerpo con sus brazos. Se unieron en un abrazo que duró segundos o tal vez minutos.

—¿Segunda oportunidad? —preguntó Volkov.

—Segunda oportunidad —respondió Horacio escondiendo su rostro en su cuello.

『 Fin 』

Some Volkacio And Something ElseDonde viven las historias. Descúbrelo ahora