Capítulo 07

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Sentía que estaba soñando.

Kun le había dado a Jisung una de las mejores noches de su vida.

Lo había llevado a uno de esos restaurantes de estilo rústico a los que todo el mundo quería ir, y reservó una bonita y elegante mesa en la terraza.

Casi no movió un dedo.

El mayor abría y cerraba todas las puertas para él, lo ayudó a sentarse, y había memorizado su orden para pedirla al mesero en su lugar.

Cosas que pensaba que simplemente ya no existían, Kun las estaba haciendo realidad.

Cenaron y hablaron sobre todo y nada.

El chino lo escuchaba atentamente, le hacía reír, sonrojar, y sentirse familiarmente cómodo.

Lo invitó a dar un paseo junto al río apenas terminaron su cena, y tomó firmemente su mano para caminar junto a él.

Se sentía muy importante.

Entre más segundos pasaban, él menos quería ir a casa.

- Te ves tan bonito – elogió, haciéndole ruborizarse.

- Gracias – murmuró avergonzado – tú te ves muy guapo –

- Por favor – bufó – no puedo compararme contigo. Esas personas no dejaban de mirarte -

- Claro que no –

- Y el mesero... – negó molesto – casi se le cae la baba –

El menor rió torpemente en respuesta, siguiéndolo a una banca de madera.

Se sentaron frente al río que, a esa hora, era el lugar más hermoso y tranquilo de la ciudad.

Kun se giró a mirarlo y le dedicó una apreciativa mirada que lo hizo sentirse expuesto, pero seguro.

Se sentía seguro con él.

- La pasé muy bien – susurró el mayor, comenzando a acomodar los mechones de su cabello.

Jisung casi se apoya en el toque. No lo hizo. Lo haría parecer muy necesitado, en su opinión. Era muy pronto para eso.

- Yo también –

El chino tomó su mano y comenzó a dejar dulces besos sobre ella.

- Jisung, me gustas mucho –

- Kun... -

- Puedes decir que no si no quieres – lo miró a los ojos – pero ¿puedo besarte? –

Por fin.

Sin poder responder y juntando todo el valor que tenía, Jisung se abalanzó sobre él para hacerlo por sí mismo.

Sus labios y manos temblaban y, por primera vez, no poder sostenerse por la emoción no era una simple expresión, él realmente sentía que iba a caer.

Kun sostuvo su espalda con firmeza y respondió el contacto con maestría.

Lentamente, liberó una de sus manos para acariciar su mejilla con cariño, haciéndole sentir cálido.

No pudo reaccionar cuando, sin previo aviso, bajó el tacto hacia su cuello y lo apretó ligeramente.

Dios, se sentía tan bien.

Se dio cuenta de que se estaba emocionando demasiado cuando fue consciente de su propia respiración, pero no pudo importarle menos.

Él quería más.

Se sintió calentar cuando el otro acarició a lo largo de su espalda hasta llegar a su trasero y lo apretó.

No podía pensar. No podía hacer nada más que intentar corresponder.

- Jisung – susurró.

El menor no respondió

- Tu teléfono –

¿Estaba sonando?

Hasta ese momento, se dio cuenta de todo lo demás. La gente, las luces, el característico tono. Eso que estuvo ignorando por maravillosos segundos en los que sólo habían existido ellos dos.

- Lo siento – se disculpó retrocediendo – debo... -

- Esperaré – dijo sonriente.

Jisung tomó el aparato y suspiró para regular su respiración. No funcionó. Esperaba que no se dieran cuenta.

- ¿Pa? –

- ¿Dónde estás mi amor? Casi me da un infarto – reprendió con voz preocupada.

- Estoy en un parque cerca de la casa – rió – siento no haber llamado, no me di cuenta de la hora –

Está bien, bebé, pero ¿puedes regresar a casa ahora? No me sentiré tranquilo hasta que vuelvas –

- Estaré ahí en unos minutos –

- Ven con cuidado –

- Claro – dijo terminando la llamada.

- ¿Entonces? – preguntó el mayor, sonriendo brillante

- Tengo que volver – hizo un puchero.

- Puedo llevarte – ofreció, besando su mejilla.

- No en necesario... –

- Vamos – tomó su mano – iremos en mi auto -

Emocionado por la simple idea, el menor asintió y se dejó guiar hacia el coche.

Casi se arrepiente en el camino.

La frustración de querer tocar con tantas ganas algo que está frente a ti, y no poder hacerlo, no se comparaba con ninguna otra.

Fue un alivio cuando el mayor se estacionó frente a su hogar.

Apenas giró hacia él para despedirse, Jisung se trepó sobre su regazo para besarlo con necesidad, colando sus manos en la camiseta del mayor para sentir su tibia piel contrayéndose al tacto.

¿Se veía muy necesitado? Tal vez ¿Estaba funcionando? Definitivamente.

El chino tomó su cadera con fuerza para comenzar a moverla con gentileza sobre su entrepierna mientras mordía sus labios sin cuidado.

- Bebé, estás siendo un chico malo – gruñó, recostándolo sobre el volante para atacar su cuello – estamos afuera de tu casa –

- No sé cuándo volveré a verte – gimió.

- Pronto – prometió, atrayéndolo nuevamente para dejar un casto beso sobre sus labios – pero ahora entra. No quiero problemas con tu familia en la primera cita –

Cierto. Era su primera cita.

- Lo siento – murmuró cabizbajo.

- Está bien – rió - ¿tú estás bien? –

- ¿Por qué no lo estaría? – susurró contra sus labios.

Kun negó sonriente y acunó su rostro con ambas manos.

- ¿Te llamo más tarde? -

- Por favor –

Otro beso más y abrió la puerta para dejarle salir.

Jisung casi pasa desapercibidas las reprimendas de su padre.

Estaba adormecido, emocionado, y enamorado.

Lo único que importaba ahora, era que volvería a verlo.

Ay hijito.

O sea, te entiendo, pero ay hijito.

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