Capítulo 02

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El plan era bastante sencillo.

Jisung se quedaba el fin de semana en su casa, ese mismo viernes irían a la esperada fiesta, y dedicarían los dos días restantes completamente a su tarea de lengua.

- ¿Qué debería ponerme? – preguntó al teléfono, mirándose al espejo.

- Lo que te pongas te hará ver perfecto –

- No digas esas cosas – pidió abochornado – solamente quiero saber qué tipo de atuendo sería el adecuado –

- Ven en uniforme, me gusta el uniforme –

- No lo dices en serio –

- Tienes razón, todos te mirarán y voy a enojarme –

Chenle rodó los ojos, divertido.

- ¿Entonces? –

- Algo casual. Camisa, jeans –

- Bien – miró sobre su hombro – oye ¿leíste mi mensaje? – preguntó, tratando de susurrar.

- No, bebé. Lo siento, he estado ocupado ¿dice que me quieres? –

- Sabes que te quiero – rió – pero no, es sobre otra cosa –

- Aún no quieres ir, ¿verdad? –

- Sí quiero, pero surgió un asunto –

- ¿Qué es? –

- Olvidé que mi mejor amigo tenía que quedarse conmigo el fin de semana – mintió - me preguntaba si podía acompañarnos –

- ¿Jisung? ¿estás seguro? –

- ¿Por qué no lo estaría? –

- Pienso que podríamos incomodarlo –

- No creo –

- Bueno, pero voy a besarte tanto como quiera y él tendrá que lidiar con ello ¿bien? –

- Sí – sonrió – entonces nos vemos más tarde –

- Claro que sí, mi amor –

- Te quiero –

- Yo también te quiero, Lele –

Miró la pantalla de su teléfono con una sonrisa tímida antes de girarse al menor, quien lo veía desde la cama.

–Dijo que sí –

- Eso escuché – comentó desinteresado - ¿nos dijo qué ponernos? –

- Nada formal – dijo caminando hacia la cama para dejarse caer a su lado.

- Bien – se acurrucó junto a él – espero no desencajar mucho –

- Estás siendo paranoico –

- Tal vez – cerró los ojos – pero más vale que vaya con esa idea –

- Oye – lo empujó levemente - ¿no quieres ir a tu casa por tu ropa? –

- No – se estiró en su lugar – usaré la tuya -

- Nada nuevo – rió – de todos modos debe haber algo tuyo en el clóset –

- Estoy seguro de que sí – murmuró.

Ambos quedaron en un familiar silencio, hundidos en sus propios pensamientos.

- Jisung – llamó por lo bajo.

- Mmmh –

- ¿Crees que se declare hoy? –

El menor abrió los ojos y lo consideró.

- Sería romántico ¿no? –

- Mucho – chilló emocionado - ¿puedes imaginarlo? Solos, bajo la luz de la luna... -

- Conmigo esperando en algún lugar –

- Por favor... –

- Sólo bromeo – rió – los dejaré solos cuando sea el momento –

- Gracias – suspiró – no puedo esperar –





El azabache secaba su torso desnudo frente al espejo.

Miraba con atención un moretón cerca de su clavícula y se preguntaba qué demonios lo había provocado.

Culparía al entrenamiento.

- ¿Tienes desodorante? – preguntó su amigo, saliendo de la ducha.

- En mi mochila – señaló sin mirarlo.

El castaño se acercó para buscarlo, sonriendo cuando encontró otro objeto en su lugar.

- ¿Qué tenemos aquí? – lo sacó del bolso - ¿un osito? –

- ¿No es tierno? – se giró sonriente.

- ¿Te lo regaló el niño? –

- ¿Quién más? –

- ¿Bromeas? –

- No me fastidies – se sentó junto a él - ¿acaso no sabes cómo se siente el amor? –

El otro rió, genuinamente divertido.

- Okay – dijo tomando el desodorante – como digas –

El mayor lo miró en silencio y con extremo interés.

Su amigo lo notó y resopló una risa.

- ¿Quieres un poco? – bromeó, acariciando su marcado abdomen.

- Quiero pedirte un favor – sinceró.

El castaño bufó hastiado.

- No confío en ti –

- No es tan complicado –

- ¿Qué quieres? – lo miró escéptico.

- Lele va a llevar a un amiguito a la fiesta de... -

- No –

- Por favor – hizo un puchero.

- ¿Tengo cara de niñera? –

- Me lo debes – entornó los ojos – después de todo lo que... -

- ¿Al menos está lindo? –

- No lo conozco – se encogió de hombros – pero no importa, no es como que vayas a salir con él –

- Pero estaré con él – frunció el ceño – al menos tiene que ser soportable -

- Mira, sólo tienes que darle un par de tragos para que se relaje y pueda estar cómodo, así voy a poder llevar a mi bebé conmigo –

- En serio te gusta –

- Creo que vale la pena – mordió su labio – tendrías que conocerlo para entender a lo que me refiero –

- Te creo – asintió – te estás tomando demasiadas molestias –

- Te lo digo. Ese niño es otra cosa –

- Suerte entonces –

- No la necesito – rió – él me dará lo que quiero –

Les diría que no es lo que parece, pero sí es lo que parece.

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