cuarenta y cinco

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La clase de francés acabó y con ella también mi paciencia.

¿Cómo podía haber gente así, Vincenc?

Estaba harta, así que salí de clase lo más rápido que pude, esperando a una amiga fuera.

Pero saliste tú y me miraste a la vez que me sonreías.

Vincenc:
¿Vamos?

Repetiste la misma acción de siempre: tu brazo sobre mis hombros. Lo que hacen todos los chicos con sus chicas.

Minna:
¿Adónde?

Vincenc:
A tu próxima clase. Lengua, ¿verdad?

Minna:
Ajá, a ti matemáticas, ¿verdad?

Asentiste y sonreíste, besándome.

Vincenc:
Te sabes mejor mi horario que yo mismo.

Esta vez sonreí yo.

Minna:
Espera, aún no ha salido Molly. Me iba a ir con ella a clase.

Vincenc:
Déjala. Ven y fúgate conmigo.

Con esas cinco palabras me diste un golpe del que me costó tiempo recuperarme.

Vincenc GambelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora