sesenta y siete

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¡Vamos a Italia, Vincenc!

Me pregunto si durante los días que estaremos allí te escribiré o me acordaré de ti. Pero estoy segura de que la respuesta es un sí.

Hoy estaba con Quinn en los pasillos y te he visto, y como no te has acercado a nosotras. Le has dado un beso a Quinn en la mejilla, y yo cuando he puesto la mía para recibir tu beso, no ha habido ninguno.

Esta ha sido la primera vez en el día que he quedado como una idiota por ti.

Después estábamos en el mismo sitio, y Joss ha pasado por detrás de mí. Tú me has mirado y yo he puesto los ojos en blanco, sin querer tener a Joss detrás y a ti delante. Entonces has dicho algo, pero mirándome a mí.

Vincenc:
Quinn, dame un beso.

Quinn te lo ha dado pero tú no parabas de mirarme.

Yo estaba esperando a que me dijeras que también te diera un beso, pero no ha pasado eso.

Esta ha sido la segunda vez en el día que he quedado como una idiota por ti.

Te preguntaba por qué me mirabas, qué te pasaba, pero tú solo sonreías y negabas con la cabeza.

Después he entrado en latín, y he pensado en tu actitud más que en las declinaciones.

Aún me acuerdo cuando ayer en francés me contaste algo de Maureen:

Vincenc:
Pues el otro día, estaba en matemáticas y escribí en una mesa una letra de una canción. ¿Y sabes qué? Decía Maureen, y lo escribí en la mesa y después vi que ella había tachado su nombre y me había escrito de todo.

Minna:
¿Y vas a volver con ella?

Vincenc:
No, no volveré con ella.

¿Por qué también te reías de eso que me contaste? Pero en ese momento no me importaba mucho, lo que sí que lo hacía era que no ibas a volver con Maureen, y según ella, tampoco tiene ganas de volver contigo.

Vincenc GambelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora