XXXV-Casi el final.

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Ahora que lo pienso, Kayle en verdad no tenía ninguna razón para causar tanto dolor. Vale, mi madre era un poco… impura, pero… ¿Tan malvada como para que su amante planeara por 17 años cómo joder su vida y la de su hija?

Tal vez sí debería ir al hospital.

Aunque no lo puedo culpar. Según Victor, toda su familia ha sufrido de problemas metales excepto él. El problema que tenía en ese momento era convencer a Kayle de que se calmara, tomar el arma y disparar.

-¿Cómo…?, mi madre era una… perra-dije fingiendo estar sorprendida y odiarla. Bueno, tal vez sí estuviera sorprendida.

-Sí, pero qué se le hace, aún la quiero.

-¿Entonces…?

-Debe pagar por lo merecido, igual que tú.

-¡No tengo la culpa de haber nacido!

-¡Pero sí de matar a Amanda!

Touché. A duras penas me acordaba de que acababa de matar a la maldita chica que se había acostado con Carter.

-¿Cuál es mi castigo, Kayle?, ¿Vas a hacer sufrir a Ariane o me vas a tirar por la terraza?

-Me gusta la idea de la terraza, ya sabes, más doloroso.

Cerré los ojos. Debía ser optimista. No terminaría así, imposible. Ha tenido miles de oportunidades para matarme, no lo ha logrado.

Vi sus ojos totalmente decididos y me tragué el miedo. Corrí hacia la pistola pero me empujó con fuerza y caí al suelo, aturdida.

En el momento en el que quería vivir, mi padre me dejaba morir. Irónicamente estúpido.

-¿Por qué luchas?, ¿No era lo que querías?-preguntó mientras le quitaba el seguro a la pistola y la acercaba a mi frente.

-No sabía lo que hacía, ahora tengo algo por lo que luchar.

Bufó y yo pensé en todas esas cosas que me hacían querer vivir. Ariane, mamá, Victor, Carter… pero lo más importante: Esa oportunidad lejana que había cosechado día tras día.

Esa oportunidad de empezar a aprovechar mi vida y crear otras.

Reaccioné justo a tiempo. Pateé las partes nobles de Kayle y agarré la pistola. Jesús, esto era mucha adrenalina para el cuerpo.

Empujé al hombre hacia el piso y preparé la pistola. Si pude una vez, puedo dos, si pude una vez, pude dos, si pude una vez…

Sus ojos azules me perforaron con miedo y tragué con fuerza. No me podía retractar, estaba loco.

Pero serías igual a él si lo matas.

Esos segundos de duda fueron suficientes para que me tuviera cerca del límite de la terraza. Recuperó la pistola y la tiró por el borde. Algo me decía que iba a hacer lo mismo con mi cuerpo.

-No debiste matarla-me escupió con rabia-Ella sí era mi hija.

-Nosotros somos tus hijos-un fuerte dolor en el pecho me recorrió al escuchar la voz de Carlo detrás-¡NOSOTROS LO SOMOS!

Kayle se volteó unos segundos y luego me sonrió con malicia.

-Tú sí, Carlo. Pero ésta… es una bastarda que llegó para arruinar vidas y ahora… se irá.

E hizo lo mismo que con el arma. El vacío llenó mi estómago y sólo tuve unos segundos para analizar lo que pasaba.

-¡KIM!

-¡KIM!

-¡KIM!

Bam.

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¡Hola!, mi promesa de publicar cada dos días se fue al traste ya que mi vida es un costante enredo, así que perdón.

Ya casi llegamos al final y creo que ni yo esperaba terminarla así, pero bueh, espero que les guste. Se les quiere :3 

Ask (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora