16. Una serie de eventos desafortunados

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Quien fue a recogerme de la estación fue mi papá. Una versión más joven que la de mi realidad actual, pero su personalidad era la misma. El mismo tipo tranquilo y de pocas palabras con el que preferí vivir hace casi cinco años, al menos en esa realidad.

Tomamos un traslador, con la forma de un espejo de mano. Sentí una horrible sensación en el estómago para la que no estaba nada preparada y luego aparecimos en un pantano, really. El traslador se fue de regreso y luego seguimos un angosto camino de tierra.

Tenía vagos recuerdos de que vivía allí, en Nueva Orleans.

Mi casa no era muy grande y estaba construida en un árbol, en medio del agua. El tronco y varias ramas atravesaban la construcción de madera, dándole un aspecto de casa de fantasía.

Subimos unas escaleras, para luego pasar por un pequeño puente colgante bajo la casa. Mi papá abrió una puerta que había sobre nosotros y entramos.

Estaba llena de plantas, me imaginaba que así debía ser la sala común de Hufflepuff, y también había estanterías de libros en casi todas las paredes. Podía ver la pequeña cocina desde donde estaba parada y también un balcón en el segundo piso, que daba a la sala.

Mi papá me sirvió té y me pidió que le contara que tal me había ido en el nuevo colegio. No entré en detalles.

Como una hora después, fui a mi habitación. Era parecida a mi waiting room, solo que más pequeña, pero aparte había macetas colgantes, cristales, velas de colores y unos extraños cuadros. ¿Los había pintado yo?
Mi cama también era extraña, estaba casi a la altura del piso, en la cabecera tenía un atrapa sueños, y encima una mosquitera con velos blancos que llegaban hasta el suelo. Todo aquello se me hacía tan extraño que me hizo sentir como si la persona que iba a dormir ese día allí no era la misma que durmió en esa cama la última vez.

Después de cenar, volví nuevamente a mi habitación y me puse a jugar con mi jackalope. No había sacado a Betelgeuse de su jaula por miedo a que se escapara y se lo comiera un cocodrilo. Me recosté en la cama mirando hacia el techo, este estaba casi lleno de enredaderas con flores púrpuras y fucsias, y por fin me puse a pensar en qué carajos había pasado en el tren.

Snape se había vuelto loco y me había besado... Aunque yo no lo había rechazado. ¿Acaso me gustaba? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?

Lo que sea que haya pasado tenía que arreglarlo nada más volver a Hogwarts, todo era un terrible malentendido...

¿O... tal vez... podría aprovecharlo?

Ya que al estar "cerca" de él, podría influenciarlo para que deje la magia oscura y vuelva al camino de la luz. ¡Ja! Pero, ¿exactamente cómo? Era más terco que Regulus. Y tampoco iba a proponerle ser mi novio solo para que no se volviera un mortífago. Eso era... cruel. Y, además, ¿algo así podría pasar siquiera? Yo no era Lily Evans. Él nunca me dijo que quería tener algo conmigo o que al menos le gustaba. Era obvio que incluso a veces no me soportaba. Estaba alucinando un poco demasiado alto. Eso me pasaba por andar cerca de Rosier, me había pegado su egocentrismo.

* * *

Pasaron un par de días, no había mucho que hacer aparte de la tarea. Aunque toda esa calma me sirvió de mucho, para no volarme la cabeza con recuerdos de un tren.

No podía enviar cartas, el viaje sería demasiado largo y me preocupaba la lechuza; tampoco le había preguntado a Lily su dirección, así que también descarté enviarle una carta de la forma muggle.

Un día después de mi regreso, me llegó una carta de una tal Angela Lopez. Esa chica me escribía como si fuera amiga mía. Yo no tenía idea de quién era. Preferí ignorarla.

Realidad no tan deseada (Era de los merodeadores)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora