Capítulo 4

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  — Por favor, dime que no te inscribiste este año en la clase de música —le digo.

—¡Oye! No es cómo si tocara tan mal... —arqueando una ceja lo miro con diversión— Bueno, bueno. Tal vez la guitarra no es lo mío.

—Ni el bajo, ni la batería, ni la flauta, ni...

—¡Si, si! Ya entendí.

Sonrío ante su rostro molesto, como el de un niño cuando es regañado. Pero es que Jared en serio que no sabía tocar ningún tipo de instrumento, y lo había demostrado el año pasado en frente de toda la clase. Lo peor que he escuchado en mi vida. Mi estómago suena, recordandome que aun no había desayunado como Dios manda.

— Está bien, habla.

— Verás... ¿Por dónde empiezo? Bien, está eso de que mis padres y mis hermanas se van de viaje a Texas por un negocio de mi papá, pero como este año apenas comienza y no quieren que pierda clases, no me llevaron con ellos. Fui excluido, lo sé.

En otro momento hubiera reído por ese comentario si el frío viento no estuviera congelando mis brazos. Cubro mi boca rápidamente cuando siento que voy a estornudar. ¿Por qué siempre se me olvida traer un abrigo?

—Salud —. Sonríe — . En fin, como sabrás, a mamá no le gusta dejarme solo en casa. Pero quiero aclarar que no es porque hago fiestas descontroladas hasta el amanecer como tú piensas...

—¿Cómo sabes que pienso eso?

Con ojos entornados me regala una de esas sonrisas que harían suspirar a cualquier chica. Mi atención es desviada al pequeño hoyuelo de su mejilla derecha.

— Es porque mi mamá sigue pensando que tengo cinco años y que aún necesito que alguien me cuide. ¿No te parece ridículo? ¡Ya voy a cumplir dieciocho años! ¡Por el amor a Dios! — Me parece graciosa la manera en la que mueve los brazos, indignado, como un niño pequeño. Suelto una risita.

— Sin ofender pero, ¿todo esto por qué me interesa?

Me abrazo a mi misma, tratando de mantener mi calor corporal. Afuera estaba tan frío que cuando Jared exhalaba, se forma una pequeña nube de humo.

—Digamos que voy a vivir contigo por unas semanas.

Parpadeo rápido tratando de digerir la información, en cualquier momento Jared va a soltar una risa y decir ¡caíste! y todo habrá sido otra de sus molestas bromas. Pero al pasar los minutos y no ver ningún tipo de reacción en su rostro además de expectación caigo en cuenta que quizá está hablando en serio.

— Mira, estoy congelándome aquí afuera y tengo hambre. No estoy de humor para tus bromas, ¿podrías decirme para qué querías hablar conmigo?

— Ya te lo dije, voy a vivir contigo varias semanas. Tu mamá se ofreció para cuidarme y hoy voy a mudarme, si quieres llamarlo así.

¿Pero por qué mi madre no me avisó sobre esto?

   Cuando todo comienza a dar vueltas a pasos torpes recuesto mi espalda al tronco de un árbol. Llevo mis manos a mi cabeza, con la intención de calmar el mareo y las recientes ganas de vomitar. A lo lejos escucho una voz pero el dolor punzante en mis sienes me impide escuchar bien.

  Mi vista se torna borrosa, la imagen de Jared acercándose con rostro preocupado es lo último que veo antes de que todo se vuelva negro.


***


— América, ¿estás muerta?

— Jared, cariño, obviamente no está muerta. ¿No ves que está respirando?

Una chica rubia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora