Esa noche, cuando ya las luces estaban apagadas y Jared roncaba a unos metros de distancia, mi cerebro decidió que era una excelente idea reflexionar acerca de todo, y con todo me refiero a ¡Hay un chico en mi habitación! Era una sensación desagradable, no me sentía segura para moverme o hacer lo que yo quisiera, pues en mi cuarto había un inquilino. Di vueltas y vueltas, me arropé, fui al baño... ¡hasta comí un plato de cereal! Pero el sueño no quiso venir a mi, me sentía eléctrica, como si me hubiera tomado diez tazas de café.
Por eso en la madrugada bajo a la sala con almohada y sábana en mano, y me quedo viendo reality shows de mala calidad hasta que me quedo dormida en el sofá.
—América, América... Ameees, Ames levántate... ¡América despierta!
Sobresaltada, abro los ojos de golpe.
—¡Qué! ¡Que pasó! —Tallo mis ojos con fuerza y todo se vuelve nítido. Jared está de pie con los brazos cruzados y el cabello marrón chocolate despeinado.
—Es mejor que te apures o llegaremos tarde —dice, mirando el reloj en su muñeca.
—¿Qué hora es?
—Son las siete y ocho minutos... y tu mamá se fue así que tenemos que ir caminando, bueno, mas bien corriendo.
Me levanto de el sofá como un rayo al oír la hora. ¡Otra vez voy a llegar tarde!
—¡¿Por qué demonios no me despertaste antes?! —le grito, subiendo la escalera de dos en dos escalones.
—¡No es mi culpa! Me desperté hace unos minutos.
Me apresuro a lavarme la cara y hacer mis necesidades en el inodoro, para luego entrar a la ducha. Me muerdo el labio con fuerza para no gritar cuando un el agua con gelada hace contacto con mi piel desnuda. Al terminar me visto con lo primero que encuentro en el armario: un mono deportivo gris y una camisa blanca de la feria de libros que en letras amarillas coloca KEEP CALM AND CARRY ON, ya saben, por Carry On de Rainbow Rowell. Como no tiene sentido tratar de arreglar mi cabello en un peinado decente, lo dejo suelto, tomo mi bolso y bajo corriendo las escaleras.
Jared ya está en la puerta mirando su reloj con impaciencia, se ha cambiado de ropa por unos jeans azules y una sudadera roja de Chicago Bulls. Está mirando su reloj con impaciencia. Cuando me ve, repasa mi atuendo y sonríe, mas no dice nada.
—¡Vamos Jared! ¡Vamos a llegar tarde!
Empezamos a correr como si nos persiguiera un perro rabioso, por un momento tonto me siento en Maze Runner. Tras varias manzanas recorridas, freno en seco, agarro mis rodillas y jadeo descontroladamente.
—¿Oye qué crees que haces? ¡Tenemos que continuar!
Doy gracias a Dios por bañarme, pues aunque estoy sudando no huelo mal. A través de mis pestañas le doy una mirada irritada.
—No...no puedo —jadeo—. Estoy muy cansada Jared.
Con una mueca de fastidio se quita el bolso y me lo extiende. Un poco confundida lo tomo para ver como se da la vuelta y se agacha. Me quedo de pie sin saber que hacer. ¿Que está haciendo?
—Hmm, ¿qué estás haciendo?
—Agachándome para que puedas montarte en mi espalda, obviamente.
Pasamos los siguientes minutos discutiendo, el quiere que me suba a su espalda y yo como una persona consiente me niego. Prefiero caminar y llegar tarde, pero no subiré a su espalda ni aunque mi vida dependiera de eso.
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Una chica rubia
Novela JuvenilAmérica Parker es una chica de dieciséis años que podría haber pasado su último año de secundaria medianamente aceptable... De no ser por un pequeño accidente que la llevará a decir más de lo que debería, formar parte de un extraño código de rubias...
