Capítulo 20

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Les dejo un GIF de Jared para que se mueran de ternura.

¡Feliz lectura!


—Entonces, ¿me estás diciendo que en los tres años que llevas en la universidad no has tenido ninguna novia? 

—He salido con algunas chicas, pero nada serio. Descubrí que las mujeres están locas y que yo estoy muy viejo para aguantarme el drama que parece perseguirlas.

—Pero sólo tienes veintiún años.

—Exactamente.

   Observo a mi hermano seguir comiendo su plato de cereal de bolitas de colores como si nada, e internamente me pregunto si él en realidad se consideraba viejo o sólo estaba jugando conmigo. Decido entonces que tal vez es un poco de ambas.

   Desde la llegada de Brooklyn a Linconville —la cual fue ayer—, no hemos tenido mucho tiempo para hablar sobre su vida en la universidad gracias a el largo viaje en autobus que recorrió y el cambio de horario. Ayer mismo me enteré de que el horario de el pueblo son tres horas de diferencia con respecto a el de California, más específicamente, San Diego. Por lo que mi hermano —el cual parece un viejo gruñón si no toma una siesta cada cuatro horas— ha estado ausente la mayoria de el tiempo en su habitación.

   Me concentro en mi propio plato de cereal, apartando las bolitas de maíz de color verde que no me gusta cómo saben.

—Aghes...mm... tragno —murmuro, con la boca llena.

Traducción: Eres muy extraño.

   Brooklyn arruga su expresión a una de asco, en cierto modo parece como si estuviera en el baño y yo fuera el estreñimiento que no le dejara hacer sus necesidades en paz.

—Eres asquerosa —se queja, y me extiende una servilleta. 

    Sólo para molestarlo un poco más, escupo los restos de cereal masticado en la servilleta con sonidos asquerosos y expresiones exageradas. Arrimando su silla unos cuantos centímetros lejos de mi, Brooklyn sigue comiendo su cereal en silencio.

—Aburrido —susurro por lo bajo.

—No caeré en tu juego América...

—Aburrido. Eres un viejo aburrido, Brooklyn. 

—Soy un adulto maduro y no...

—Tienes canas.

   Y eso es todo lo que se necesita para que Brooklyn Parker reaccione: sus ojos azules se expanden con horror y deja caer la cuchara de regreso a el plato. Mi papá alguna vez me dijo que el talón de Aquiles de todos los hombres era su cabello.

Sonrío.

—Estás mintiendo. Y lo sé porque esta mañana me vi en el espejo por jodidos cinco minutos enteros y estoy malditamente seguro de no ver ninguna cana.

—Puede que no tengas canas ahora, pero si sigues así de gruñón las tendrás muy pronto—digo como quien no quiere la cosa—. Así que, técnicamente, no mentí. 

   Él refunfuña en voz baja, comiendo sus ultimas bolitas casi con violencia. En su tazón sólo queda leche para cuando termina.

—Te voy a mostrar que tan divertido puedo ser.

   En un sólo trago se toma toda la leche y luego de unos segundos la expulsa por la nariz a chorros ensayados, dejando la isla de la cocina en un desastre asqueroso. Por último, en cada fosa nasal aparece una bolita de maíz de diferente color cada una y luego las expulsa, una a la vez. Brooklyn me mira expectante, y yo que me he quedado bastante impresionada, sólo puedo mirarlo de regreso con la boca ligeramente abierta.

Una chica rubia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora