¡Feliz lectura!
El sábado después de el mediodía, Tifanny y yo nos dirigimos al único -y pequeño- centro comercial de Lincoville. Las ventajas de vivir en un pueblo recóndito y diminuto, es que cualquier lugar queda relativamente cerca, por lo que no era necesario ir en carro a ningún establecimiento. Pero Tifanny, oh Tifanny, se ha negado rotundamente a dañar el tacón de sus zapatos caminando, así que me ha obligado a subirme a su auto para llegar al centro comercial... ¡el cual sólo queda a diez minutos!
Una total perdida de gasolina.
Después de recorrer el centro comercial de arriba a abajo unas tres veces -lo que nos llevó unas buenas dos horas-, almorzar en un restaurante de comida china -lo que nos tomó al rededor de otra hora-, y luego de muchos dolores de cabeza, por fin caemos en cuenta de que Maggie y sus amigas pelirrojas abusivas no están por ningún sitio visible. Tampoco hemos visto a Mía... de hecho, estoy casi segura de que no he visto a una sola chica pelirroja en todas las horas que hemos jugado a las espías en plan 007.
—Esto fue una total pérdida de mi tiempo —murmura con fastidio la rubia a mi lado, por supuesto con un mohín en sus labios rosas.
Sin ningún otro prepósito más que espiar a las pelirrojas —las cuales nunca se dignaron a aparecer—, terminamos sentadas en uno de los bancos de madera de el centro comercial y yo por mi parte, disfrutando de la deliciosa barquilla de helado de fresa.
Y si, puede que nuestro plan nos haya salido como un tiro por la culata, pero mi papá siempre decía que incluso en las peores situaciones siempre existiría algo bueno para resaltar. Ser positiva ante todo.
—En mi experiencia—hago una pequeña pausa para lamer la gota de helado que resbala por el cono de galleta—, siempre podría ser peor.
—Si, como por ejemplo, que Maggie esté viniendo en nuestra dirección ahora mismo —dice Tifanny.
Asiento distraídamente, concentrada en la importante tarea de terminar mi dulce.
—Oh si, eso sería catastrófico.
—¡No, en serio! Está viniendo para acá. ¡Rápido, escóndete!
—Espera...¿¡qué!?
Para cuando reacciono vergonzosamente tarde, he de admitir, Tifanny se ha escondido detrás de un anuncio publicitario de gran tamaño y yo me he quedado algo descolocada aún con la boca ligeramente abierta y el celular en la mano cuando Maggie hace su aparición frente a mi. Demonios.
—Pero mira lo que trajo la marea, nada más y nada menos que América Parker —dice y a pesar de sus palabras, extrañamente estas no están cargadas con el sarcasmo de siempre. Por el contrario, su tono de voz es... ligeramente divertido.
Lleva puesto un vestido blanco con puntos azules y tacones —por supuesto que lleva tacones—también azules. Su cabello pelirrojo está suelto sobre sus hombros y su rostro no muestra ningún grano, mancha o alguna pequeña imperfección para poder criticar. Maldita sea.
—Gracias por la presentación Maggie, me siento honrada.
Lo más tranquila posible muerdo la barquilla, tratando de no atragantarme por la sorpresa. Existían muchas razones por las que Maggie podría pensar que estaba en el centro comercial, y estaba segura que ninguna se acercaba siquiera un poco a la razón verdadera. Así que no había motivo alguno para estar nerviosa, sobre todo, porque aún con su actitud presuntuosa y orgullosa, Maggie seguía siendo sólo otra chica más.
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Una chica rubia
Roman pour AdolescentsAmérica Parker es una chica de dieciséis años que podría haber pasado su último año de secundaria medianamente aceptable... De no ser por un pequeño accidente que la llevará a decir más de lo que debería, formar parte de un extraño código de rubias...
