Soñé que saltaba entre millones de almohadas gigantes, que extrañamente olían a perfume y jabón. No es que me molestara, era una buena combinación. Mi sueño fue medianamente normal hasta que apareció de no sé dónde, el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas pero en versión tamaño humano y terrorífico. Recuerdo que me miraba atentamente con una sonrisa psicópata y macabra entre sus dientes. Empecé a saltar nuevamente en las almohadas, pero esta vez para escapar de ese conejo drogado y violador, al que por alguna razón, lo llamé Fred.
No me juzguen tenía cara de llamarse Fred.
Estaba por alcanzarme cuando me desperté. En realidad me despertaron, para ser exacta.
— ¿¡POR QUÉ DEMONIOS ESTÁS SALTANDO ENCIMA DE MÍ!? ¡DEJA DE HACERLO! ¡AMÉRICA!
Por unos segundos mi vista es borrosa y parpadeo repetidamente para acostumbrarme a la luz. Jared me zarandea de los hombros varias veces, y es así como caigo en cuenta que efectivamente, si estaba saltando encima de él. Si lo ves de otra manera, esto en realidad se puede malinterpretar totalmente. ¡Pero no era mi intención!
— ¡¿Pero de qué hablas?!
— ¡¿Por qué quieres quitarme mi virtud América?! —En una de esas tantas sacudidas, termina por lanzarme al suelo. Grito sorprendia —. ¡Houston tenemos un problema! ¡Violadora al ataque! ¡Repito, violadora al ataque! ¡Necesito refuerzos!
Se levanta del sofá y sale corriendo escaleras arribas. O eso pensó el antes de que se tropezara con mi frazada de cuadros y golpeara el suelo con su mejilla derecha.
—Aborten misión. Hombre herido.
Blanqueo los ojos irritada y me levanto limpiando mi pantalón de pijama. Me dolía mi trasero. Ay mi trasero. Mamá venía bajando las escaleras, ya arreglada para su trabajo cuando se detuvo y nos mira acusadoramente. Está bien, me mira acusadoramente pero a Jared le regaló una sonrisa radiante y feliz. Gracias madre, eres tan adorable.
—América, ¿qué son esos modales con los que estás tratando a nuestro invitado? —Dice reprobatoriamente- Deja de gritarle y discúlpate con el ahora mismo jovencita.
— ¡Pero mamá...!
—No tengo todo el día América, discúlpate ahora hija. Anda.
Me cruzo de brazos molesta. ¡No fue mi culpa!
— Bien, bien— . Fijé la vista en los ojos mieles de Jared, quien intentaba reprimir una sonrisa victoriosa— . Yo lo... Lo... Ugh. Lo siento por gritarte Jared, listo ya lo hice.
—Tranquila América, disculpada—. Sonrío. En cuanto mi mamá se gira, le saco el dedo corazón.
—Bueno ya me tengo que ir al trabajo cariño. Nada de salir afuera sin suéter ni andar sin medias. Jared querido, no dejes que América se acerque a la cocina, ella es un desastre cocinando. Vuelvo en la tarde.
Después de recibir un beso en la mejilla cada uno, se va en su Volvo gris.
Mi madre es diseñadora de interiores, y es que ella en realidad ama decorar todo. Así que siempre nuestra casa está en buen estado y cuidada. Aunque nuestro estilo es más que todo hogareño. Su trabajo le permite trabajar las suficientes horas para descansar y para verme diariamente. Ella es muy buena en lo que hace, por eso recientemente la han llamado más veces que antes. A veces tiene que viajar por varios días, hasta una semana y yo la espero pacientemente. Sin embargo nos mantenemos en contacto continuamente.
La voz de Jared me saca de mis pensamientos.
—Bueno... ¡Pido el baño primero! -antes de que pueda reaccionar, ya está subiendo las escaleras en dirección al baño.
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Una chica rubia
Novela JuvenilAmérica Parker es una chica de dieciséis años que podría haber pasado su último año de secundaria medianamente aceptable... De no ser por un pequeño accidente que la llevará a decir más de lo que debería, formar parte de un extraño código de rubias...
