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Su madre lo abrazó antes de marcharse, un gesto cálido que se sintió como un refugio momentáneo en medio de la impaciencia que comenzaba a acumularse dentro de él. Había quedado con sus amigos para hacer pastelitos, pero todavía no llegaban, y la espera se le hacía interminable. La puntualidad siempre le había parecido una cuestión importante, y su frustración se intensificaba con cada minuto que pasaba.

Y entonces lo vio. Ahí estaba, de nuevo, como una aparición en su vida diaria. Sus mechones caían con suavidad, ligeramente despeinados, pero de una manera que no hacía más que resaltar su belleza natural. La luz del sol se filtraba entre las hojas, iluminando esos pequeños mechones rubios que brillaban como hilos de oro.

Un suspiro se escapó de sus labios antes de que pudiera evitarlo. Qué lindo... Pensó, sin poder evitar que su corazón diera un pequeño salto al notar que sus ojos se cruzaron por un instante. Fue fugaz, pero suficiente para que su rostro se tornara del mismo color rojo intenso que las cerezas maduras, y sintiera cómo la calidez de la vergüenza le invadía por completo.

Tal vez había sido solo su imaginación, tal vez el chico ni siquiera lo había notado. Pero luego, justo cuando pensaba que ya había perdido toda esperanza de captar su atención, el chico bajó la cabeza, una sonrisa tímida curvando sus labios. Esa sonrisa... esa sonrisa que parecía decirlo todo sin palabras.

𝒔𝒐𝒍𝒐  𝒖𝒏  𝒓𝒂𝒕𝒊𝒕𝒐 🌧️ 𝒋𝒂𝒚𝒘𝒐𝒏Donde viven las historias. Descúbrelo ahora