─✧ 𝑗𝑢𝑠𝑡 𝑎 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡'-
❛ Solo compartí un refresco y una
bolsita de gomitas en la banqueta
con ese chico solitario... O tal vez
fue un solo ratito que los sentimientos
crecieron con ambos. ❜
Jay salió de bañarse, el agua caliente aún escurriéndose de su piel mientras se preparaba para salir con sus amigos. Aunque aún faltaba tiempo, le gustaba ser puntual, como una forma de aferrarse al control en medio de una semana caótica. La vida familiar había sido un constante tira y afloja de discusiones y silencios incómodos, mientras que en su casillero seguían llegando cartas y regalos, los cuales nunca tiraba, a pesar de que sus amigos le sugerían lo contrario. Niki, sobre todo, siempre le decía que no jugara con las ilusiones de las chicas solo por ser amable. Pero Jay no podía ser cruel, al menos no con ellas. Así que las guardaba, sin saber qué hacer con aquellas pequeñas ofrendas de cariño que llegaban sin previo aviso.
Se estaba preparando para los exámenes, y por eso, cada mañana se dirigía a la biblioteca. Heeseung, siempre con su tono burlón, solía decirle que el chico artístico nunca volvía a un mismo lugar más de una vez. Jay sabía que tenía razón, aunque odiaba admitirlo. Así que, por alguna razón que no entendía ni él mismo, esperaba que aquel chico de ojos gatunos regresara al menos una vez más.
Pero no lo hizo. La espera, esa esperanza torcida que había alimentado, se desvaneció como una flor marchita bajo el sol cruel de la realidad. Se miró al espejo, ajustó la corbata, pero su rostro reflejaba la desilusión que cargaba consigo, esa sonrisa caída que nunca lograba esconder del todo. Heeseung, como siempre, se reía de su "desgracia" y le contaba todo lo que pasaba en la universidad, sin preocuparse por lo que realmente importaba. Fue ahí cuando Jay se enteró de algo que lo hizo tensarse: el chico de los ojos gatunos iba a participar en un torneo de arte contra otra escuela... El instituto de Niki.
Niki. El chico que se había alejado hacía ya tres años, aunque su amistad seguía intacta. Aunque sus caminos se separaron, Niki estaba viviendo en Ansan, ahora parte de una nueva familia, y tal vez, solo tal vez, tenía algo que ver con Kim Sunoo. Heeseung no sabía con certeza, ya que Niki no había enviado ni un mensaje ni llamado en todo ese tiempo. Sin embargo, hace dos días había llegado con la noticia de que tenía pareja y quería presentársela. Tanto Jay como Heeseung, sin decir nada, aceptaron ver a Niki el fin de semana, cada uno con su propio nudo en el estómago.
"El mundo es tan pequeño," pensó Jay con una sonrisa amarga, mientras se levantaba para terminar de alistarse.
Escuchó la voz de Heeseung saludando a su madre, la risa de siempre, y luego los pasos acercándose por las escaleras. La puerta se abrió, y ahí estaba él, el pelirrojo sonriente como siempre, pero con una carga que Jay sabía leer.
—Tu madre es amable, ¿eh? —dijo Heeseung, soltando una risa nerviosa.
—Seguramente solo te preguntó si íbamos a una cita —respondió Jay, con el tono seco que acostumbraba.
Heeseung asintió con una sonrisa que intentaba ocultar lo incómodo que se sentía.
—¿Dónde está tu hermana? —preguntó Heeseung, mirando alrededor con una expresión que Jay ya no podía tolerar.
Jay lanzó una mirada fulminante. No podía soportar que Heeseung siguiera preguntando por ella, esa hermana que fue más que un simple vínculo familiar para él, y que, en algún momento, también fue el amor no correspondido de Heeseung.
—Ya supéralo —dijo Jay, con una voz que no dejaba espacio para dudas—. No va a regresar contigo.
Heeseung colocó su mano sobre su pecho, fingiendo una exagerada expresión de dolor. Pero Jay podía ver la inseguridad en sus ojos, esa lucha interna que Heeseung no quería admitir ni a sí mismo.
—La superé —murmuró Heeseung, sus palabras apenas audibles, aunque sus ojos seguían buscando algo que ya no estaba.
Jay no dijo nada más. La tristeza era algo que ni siquiera él podía aliviar con sus palabras. Solo asintió, dejando que la despedida fuera un silencio compartido. Luego, antes de salir, soltó una última frase:
—Ella está bien.
Heeseung sabía que Jay estaba diciendo la verdad, pero aceptarlo era otra cosa. Los dos sabían que la ruptura nunca se olvida del todo, que los pedazos rotos nunca se reconstruyen por completo.
Cuando salieron, vió el lugar vacío, la casa enorme que estaba en frente de la suya estaba oscura, era evidente que nadie se encontraba y la esperanza de ver al chico de ojos gatunos se esfumaron. Jay suspiró profundamente, decepcionado.
"Ojalá algún día pudiera reunir el valor de hablarle." Se dijo así mismo.
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