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Un mes.

Un mes había pasado desde aquella salida. Claro, se habían prometido volver a verse, pero Niki empezó a cancelar todas las invitaciones que Heeseung le hacía. Se perdió entre mensajes sin respuesta y llamadas ignoradas. Dejaron de insistir, no sabían qué tipo de problemas estaba atravesando Niki, pero su ausencia se sentía como un vacío en el aire, una distancia que no lograban entender.

Jay, por su parte, estaba completamente absorbido en los preparativos para el evento de música de su instituto, más ocupado de lo habitual. Apenas tenía tiempo para hablar con Heeseung, quien se sentía solo, aislado en una burbuja que no podía romper. Estar solo le resultaba insoportable, esa sensación de ser un espectro errante, mirado y juzgado por todos. Como si, en lugar de ser un ser humano, fuera una sombra al que preferían evitar.

Heeseung se acomodó debajo de un árbol, el más frondoso y vibrante de todo el campus. Suspiró con alivio, aliviando un poco la presión en su pecho al sentir la frescura de la corteza contra su espalda. El sol bañaba su piel de porcelana, dejando destellos dorados en su cabello rojo. Si alguien lo miraba en ese momento, podría haberlo confundido con una pintura, tan impecable y bello como un retrato en movimiento.

De repente, un destello captó su atención. Un chico estaba frente a él, observándolo con una fascinación casi palpable. Heeseung nunca había sido el tipo de persona que se avergonzaba frente a las miradas, mucho menos con chicos. Siempre se sintió cómodo siendo el centro de atención, recibiendo halagos sobre su apariencia. Las chicas lo adoraban, y las palabras sobre ser un ser inalcanzable y afortunada quien lo tuviera en su vida nunca le parecieron fuera de lugar. Pero esa mirada, esa intensidad, lo desconcertó.

El chico lo observaba como si nunca hubiera visto a alguien como él. Sin decir una palabra, Heeseung le sonrió, dejando ver sus dientes perfectamente alineados, y estrechó los ojos ligeramente, haciendo un espacio a su lado.

—Ven —dijo, palmeando el lugar a su lado, invitándolo a sentarse. El chico, un tanto sorprendido, se acercó lentamente, sin decir nada.

—Lo siento —se disculpó tímidamente.

—No te preocupes —respondió Heeseung con una sonrisa cálida. Sentía la necesidad de alguien a su lado, de romper ese vacío que Niki había dejado, aunque fuera con un desconocido. El chico asintió y sacó su cámara, mostrándole las fotos que le había tomado.

—Eres perfecto... —murmuró el chico con admiración.

Heeseung lo miró, confundido.

—¿Yo? —preguntó, sin poder ocultar la sorpresa en su voz. Sabía que estaba siendo halagado, pero no entendía la profundidad con que lo decía.

—Demasiado —respondió el chico, manteniendo los ojos fijos en él. La intensidad de su mirada hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Heeseung, quien sintió una incomodidad que no esperaba.

—¿Por qué de pronto tus mejillas están rojas? —preguntó el chico, sonriendo como si todo esto fuera un juego.

Heeseung se tocó la cara, sorprendido, y su rostro se puso aún más rojo.

—¿Mis qué? —exclamó, abriendo los ojos como platos antes de esconder rápidamente las manos en su rostro. —Carajos...

—No maldigas —rió el chico con suavidad. —No son palabras para un chico tan lindo como tú.

Heeseung solo pudo pensar que el chico lo estaba coqueteando. Le echó un vistazo rápido, observando su estilo y actitud. Parecía ser una persona sociable, con amigos por todas partes. No era arrogante, pero sí seguro de sí mismo, amistoso, con una sonrisa genuina. El chico era claramente un amante de la fotografía, como lo indicaba su cámara de última generación, costosa. Heeseung lo observó con más detalle: su cabello oscuro, cuidado, y esos labios bien cuidados que le daban un aire tranquilo, casi melancólico.

—Siento que me estás mirando en todas partes —dijo Heeseung, desconcertado, mientras se giraba rápidamente hacia otro lado.

—Me llamo Shim Jake —dijo el chico, rompiendo el silencio con su voz profunda.

—Lee Heeseung —murmuró Heeseung, sintiendo la curiosidad despertar dentro de él, aunque aún con la mente nublada por la incomodidad.

Jake sonrió, y aunque Heeseung intentó sonreír de vuelta, notó que alguien más, desde lejos, los observaba con desaprobación.

"Aún las mariposas me matan"

"Aún las mariposas me matan"

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𝒔𝒐𝒍𝒐  𝒖𝒏  𝒓𝒂𝒕𝒊𝒕𝒐 🌧️ 𝒋𝒂𝒚𝒘𝒐𝒏Donde viven las historias. Descúbrelo ahora