— No vas a ganar nada si sigues con tu berrinche.— Dijo Toji mientras encendía su auto para dirigirse al anhelado y oculto destino.
— Pues no entiendo para qué necesitas que esté contigo desde las 9 de la mañana. No puedes hablarme y solo decir que iremos de imprevisto a algún lugar, únicamente acepté por que justo ahora dices que tiene qué ver con mamá.— El joven se colocaba a mala gana el cinturón de copiloto.
El mayor comenzó a conducir sin intenciones de responderle lo anterior dicho, y al mirar el retrovisor pudo observar a un pelirosa despedir a su hijo desde la entrada de la residencia con la mano agitándose en el aire.
— Así que es verdad.— Comentó al aire, sin mirar a su hijo.
Megumi no preguntó de qué hablaba por que sabe exactamente a qué se refería.
— Sí, está viviendo conmigo ¿Y qué?— Respondió a la defensiva, como ya era costumbre. Tampoco miró a su padre, pues era más interesante ver através de su ventana el paisaje que recorrían.
— Ponte cómodo, tardaremos un poco en llegar.
Toji no obtuvo respuesta, solo un sonido hastiado de la lengua contraria.
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— ¿Está todo listo, Uraume?
Preguntó Sukuna, saliendo de su jet privado a la vez que se acomodaba las mangas de su camisa perfectamente arreglada.
— Su equipaje está completo y los regalos para el joven Fushiguro siguen perfectamente envueltos.— El joven de cabellos blancos caminaba junto a su jefe con paso firmes.
El más alto suspiró, escuchar el apellido de su amado le traía recuerdos agridulces.
— Bien, lleva todo al auto e indícale al chófer la dirección donde reside Megumi.
— Enseguida, Señor.— Fue su último comentario antes de irse rápidamente a acatar las órdenes que le fueron dadas.
El pelirosa se permitió dejar a un lado las apariencias y estiró todo el cuerpo sin importar que su ropa de finas telas se arrugara.
El viaje de Londres a Tokyo había sido bastante agotador, más por la parte de permanecer sentado durante 12 horas que ahora gracias a ello se sentía entumido hasta el culo, literalmente.
Al salir del aeropuerto sacó su celular del bolsillo del pantalón para ver la hora, la cuál indicaba ser 10:17, sin embargo, con ello también observó un par de notificaciones de un número desconocido, quizá con el cansancio del viaje no notó el sonido que provocaron tales textos.
Dudó por unos momentos entre abrir esos mensajes o no, y al final la curiosidad mató al gato.
"Deberías cuidar tu espalda, nunca se sabe quién puede mirarte." 10:16.
"Tu ridículo cabello rosa es inconfundible." 10:17.
Mierda, los mensajes eran de ese preciso instante por lo que era obvio que lo estaban observando.
Con el celular en mano, se giró sin miedo alguno para ver detrás de él, cualquiera que se atreviera a desafiarlo acabaría en el hospital o en un funeral.
Excepto ese joven que estaba a unos metros del pelirosa.
Ahí, no muy lejos de Sukuna, estaba el motivo de su partida.
El único que lo pone a suspirar con solo un aleteo de sus bonitas pestañas negras.
Se quedó paralizado al ver esa estatua de piel de mármol frente a él, a quien había soñado por años.
Ambos estaban ahí sin mover un solo músculo, por que el pelinegro estaba igual de petrificado que él.
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Love me again.
RomanceLuego de pasar años a lado de una persona que juraba cambiar y nunca lo logró, Yuuji finalmente se cansa y se decide hacer algo que jamás imaginó hasta el momento: Pedirle el divorcio a Satoru. Y Gojo tratará de hacer todo lo que está en sus manos p...
