18. Las caras de una moneda

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Megumi con calma flexionó las rodillas, listo para levantarse del césped nevado y retirarse hacia su cálido dormitorio, sin embargo, la mano de su prometido le sujetó la muñeca de una manera casi impaciente.

— ¿Sucede algo?— Cuestionó, con su bonito rostro mostrando una expresión de extrañeza.

— Hay... Hay algo más que debo contarte.

— Claro, dime.— Acarició los suaves cabellos rosados de su amado, otorgándole a la vez un suave beso en la frente.

— Es algo sobre ti.— Habló con la voz menos temerosa ante el tacto blando de aquel hermoso pelinegro. —Y también sobre tu padre.

Las caricias de Megumi se detuvieron inmediatamente, como una gota de agua cayendo con dureza en la superficie.

— ¿Es algo malo?— Su voz, aún carente de valor, se atrevió a preguntar.

Sukuna sujetó las manos de su chico, y finalmente lo miró directamente a los ojos.
La mirada carmesí de Ryomen reflejaba un pesar inconmensurable, mientras que la de Fushiguro sólo sabía mostrar inquietud.

— Toji prácticamente te vendió, hace muchos años.— Acertó a decir, luego de años cargando con esa aflicción en el alma.

El rostro del menor se desfiguró en una mueca de asco e impresión.

— ¿A quién? Dios mío, ¿¡A quién!?— Vociferó, presa del pánico.

— A mí.

|♥♦♥♦|

Horas después, cuando ya era un nuevo día, Sukuna y Megumi tardaron más en ir a desayunar, mientras que Toji y el menor de los Itadori ya se encontraban comiendo con pasiva lentitud en el respectivo comedor.

Pero esa tranquilidad no fue muy duradera.

Los pasos hacia la cocina se aproximaron, y sus dueños eran quienes menos querían observar en esos momentos.

— Yuji, al jardín trasero, ahora.— Ordenó con inigualable autoridad.

— No he terminado de comer.— Objetó el menor.

— Y yo no te permití replicar.

Itadori algo contrariado se levantó de su asiento y previamente levantó el plato y los cubiertos que estaba usando.
Pidió perdón por interrumpir los alimentos y se retiró, seguido por su hermano mayor.

Toji desde su posición, pensó en ir tras el par pelirosa, pero la mano de su hijo, quien todo éste tiempo estuvo observando desde el marco de la puerta, le detuvo.

— ¿Qué crees que haces?— Alzó la voz el mayor, con molestia tiñendo su tono. — Presiento que esos dos se matarán a golpes, tengo que detenerlos.

— Sé que pelearán, pero tú tienes tus propios asuntos familiares qué resolver.

— ¿A qué te refieres, Megumi?— Se soltó del agarre de su hijo. —¿Cuándo te ha importado siquiera tener una buena relación conmigo?— Rió burlón por aquella pregunta bien acertada.

— ¿Y cuándo te importó a ti ser buen padre?— Refutó.

— Siempre hice lo que pude.

El menor resopló con gracia, pues bien eso era una verdad a medias.

Toji iba por buen camino cuando la madre de Megumi aún vivía, pero luego de fallecer, parece que todo aquel rastro de mejora en el hombre se desvaneció.

— ¿Cómo?, Ah, claro, ofreciéndome cual producto de alto costo a alguien que claramente me ama y sólo aceptó tu trato porque no tenía otra opción.— Su enojo al borde del colapso sólo podía reflejarse en su cara rojiza, producto del enfado.

Love me again.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora