El momento en el que Toji puso un pie en el hogar de su hijo, supo que Itadori tuvo gran influencia desde el día en el que llegó.
Pues ahora todas las cortinas podían ser atadas en un moño para permitirle a la luz pasar con más facilidad.
El aroma que llenaba el lugar era de manzana acaramelada con canela.
Además, habían muchas fotos colgadas en las paredes del comedor y también los corredores que daban dirección a las escaleras de las habitaciones.
El pelinegro miró una imágen con detenimiento, sujetandola con delicadeza entre su dedo pulgar e índice.
Era una hermosa foto familiar.
Mientras él sujetaba a su mujer de la cintura con el brazo izquierdo, también cargaba a un Megumi pequeño con el derecho.
— Deja eso y vete a dormir.— Habló su hijo, apoyado en la pared del corredor principal.
— ¿Tú pusiste ésto aquí?— Apuntó la foto, con una sonrisa ladina en el rostro que remarcaba más la cicatriz que poseía en la comisura de los labios.
— ¿Quién más lo haría?— El menor se dio media vuelta y caminó de regreso a su habitación.
— ¿Extrañas lo que tu madre transmitía?— Detuvo los pasos de su hijo con tan solo recitar unas cuantas palabras, formulando una pregunta que no se atrevió a soltar desde que la fémina en cuestión había muerto, por causas naturales, cabe aclarar.
Megumi no tenía intenciones de responder, pero había una daga que le perforaba el corazón de manera constante cuando de su madre se hablaba.
Esa mujer que lo había amado y criado con tanto amor, hasta que dio su último suspiro postrada en cama.
— Extraño todo de ella.— Respondió de la manera más vaga, con miles de sentimientos atorados en la garganta impidiendo el andar de sus piernas.
— Ya veo.— Conforme con su respuesta obtenida, estaba dispuesto a dar media vuelta y abandonar los agridulces recuerdos familiares, solo que fue turno de Megumi de detenerlo a medio paso con sus palabras.
— Vive tu vida correctamente. Ella se fue y me dejó solo contigo.— Suspiró antes de continuar a la vez que se frotaba la nuca con la mano derecha, casi nervioso.
— Haz que valga la pena su partida, demuestra que no murió en vano.
Ahí murió la conversación y ambos Fushiguro continuaron caminos contrarios.
|♥♦♥♦|
Yuuji se sentía como la persona más horriblemente entrometida del mundo.
Sus padres siempre le habían dicho que no era educado ni correcto escuchar conversaciones ajenas y sin embargo ahí estaba: Fumando en el balcón mientras escuchaba la conversación de los pelinegros.
Era obvio que no fue su intención escuchar, pues ya estaba ahí desde antes, pero el momento en el que escuchó las voces contrarias pensó que sería también de mala educación salir e interrumpir la charla, además, si salía del balcón a media conversación, se iba a poner más incómodo allá afuera.
Exhaló con lentitud el humo que retuvo por breves instantes, mirando la manera en la que se disolvía con el frío viento que soplaba al anochecer.
— ¿Qué tanto escuchaste, algodón de azúcar?— Se escuchó a sus espaldas, provocando que Yuuji casi se ahogara con la próxima calada que estaba por dar al cigarrillo.
— Se-señor Fushiguro.— Comenzó a toser repetidamente, nervioso por la situación.
Después de unos minutos recuperando el aire perdido mientras tosía, con un Toji palmeando su espalda y un cigarrillo consumiéndose en sus dedos, por fin habló.
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Love me again.
RomanceLuego de pasar años a lado de una persona que juraba cambiar y nunca lo logró, Yuuji finalmente se cansa y se decide hacer algo que jamás imaginó hasta el momento: Pedirle el divorcio a Satoru. Y Gojo tratará de hacer todo lo que está en sus manos p...
