[Continuación C19.]
Muchas citas tuvieron que pasar para que finalmente ambos chicos de carácter complicado aclararan adecuadamente sus sentimientos.
Su primer promesa fue hecha bajo el mismo árbol en el que se encontraron sentados su primera cita, con un gentil beso en sus labios de melocotón, se juraron un inocente amor que terminaría hasta que todas las estrellas se apagaran durante la noche, incluso la luna sonrojada estuvo presente en dicha declaración de otoño, justo cuando el astro decidía iluminar más el camino que la relación decidiera tomar.
Muy pocas veces habían visto mutuamente el lado vulnerable del otro, pero siempre se mantenía la confidencialidad de lo que se dijese al momento, y era algo con lo que ambos estaban perfectamente bien.
— Me gustas mucho.— Habló Satoru entre susurros, temiendo que hasta las nubes se asustaran de su repentina confesión.
Era la primera vez que sentía algo así.
Él no esperaba huir del sentimiento, quería vivirlo, quería conservarlo y seguir sintiendo esa cálida emoción que le abrazaba el pecho cada que decidía liberarlo. Amaba sentirlo, y también amaba a quien le hacía sentir tan agradable momento.
Por su parte, Sukuna no se mofó de él, por más sorprendente que fuera hasta se permitió esbozar una pequeña sonrisa tonta, que terminó por unirse en otro amable beso sobre las mejillas rosadas del albino.
— También me gustas, por más molesto que seas.
Gojo soltó una risita boba, sin creerse que las palabras con las que tanto soñó durante todo ese tiempo, eran dichas con dulzura por la persona que más quería.
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Cada día era una hermosa experiencia para la pareja de tontos, una nueva aventura mágica, pero no con princesas o dragones, solo eran dos adolescentes viviendo su primer gran amor.
Uno no podía existir sin un beso del otro, y aunque fueran lo suficientemente tercos para admitirlo, siempre esperaban el suave roce de sus labios para decir que su día ha finalizado correctamente.
Ambos fueron la primera vez en muchas cosas el uno para el otro, y es por eso mismo que recordarlo puede incomodar un poco. Eran niños jugando a querer, pero sus corazones nunca se arrepentirán de haber sentido tanto.
Por ejemplo, en un día de aquellos ocurrió su primera borrachera.
Sukuna invitó a su novio a una fiesta clandestina, en los barrios bajos, claro está.
Al principio Satoru no estuvo muy de acuerdo, pues ¿Qué pensarían las personas si viesen a alguien como él en un lugar como ese? Ciertamente replicó bastante, pero finalmente cedió por la encantadora manera de Sukuna al convencer.
El pelirosa había bebido anteriormente cantidades pequeñas de alcohol, al menos lo suficiente para creer que aguantaba más que su pareja, quien apenas oler la botella parecía querer vomitar, ¿Pero qué más da? La vida es solo una y aquella noche sería única.
¿Hicieron el ridículo? Sí.
¿Se arrepentían? Tal vez.
¿Disfrutaron de cada momento? De eso no hay duda.
El menor de los Gojo, ya estando lo suficientemente pasado de copas, sacó una tarjeta de crédito (al nombre de su padre) y decidió comprar la licorería completa, no solo para comprobar que él podía tener lo que quisiera cuando quisiera, si no también para confirmarle a Sukuna que podría cumplirle cada capricho que su cabeza repleta de cabello rosado pudiera pensar.
La gente de aquel sitio estaba encandilada con la "amabilidad" de Satoru, tanto que quisieron aprovecharse de ello más de la cuenta, pidiendo cosas extravagantes con la excusa de que sería un humilde pago por los inconvenientes que Sukuna ha causado ahora y en el pasado durante las fiestas nocturnas; pero el albino experimentando su primera noche siendo un mala copa, le tendió un puñetazo directo al rostro del tipo que no tenía intenciones de dejarlo ir tan fácil.
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Love me again.
DragosteLuego de pasar años a lado de una persona que juraba cambiar y nunca lo logró, Yuuji finalmente se cansa y se decide hacer algo que jamás imaginó hasta el momento: Pedirle el divorcio a Satoru. Y Gojo tratará de hacer todo lo que está en sus manos p...
