3. Mentira a medias

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Satoru enseguida se levantó, llevándole un susto a Ijichi de por medio.
Se dirigió a la puerta de su oficina con una gran sonrisa que sin duda podría ser catalogada como "La sonrisa de la nación"

«Yuuji siempre vuelve a mis brazos»
Pensó con alegría infantil.

Hasta que en la entrada se topó con un hombre rubio vestido con un traje color arena, éste era un poco más bajo que él, pero no por eso dejaba de tener una presencia imponente.

— Disculpe, pero ¿Quién es usted?— No dejó de sonreír, avanzando un par de pasos hacia el desconocido con claro sentimiento de superioridad, ocultado su clara angustia.

— Nanami Kento, abogado de Itadori Yuuji.— No retrocedió ni un solo centímetro. Ya había lidiado con personas así anteriormente y no se dejaría intimidar.

El nombrado estaba sentado en el sofá de la sala de espera, justo detrás del rubio.
Se encontraba con las piernas cruzadas y las manos colocadas sobre éstas, disimulando muy bien Los nervios y el ligero temblor que éstos provocaban.

Cuando se topó con la mirada sorprendida de Gojo, no bajó su rostro en ningún momento, no tenía que dejarse ver débil.

— ¿Qué significa ésto, Itadori?— Su tono agresivo no se hizo esperar más.

— Bueno, lamento haber mentido y decir que lo llevaría a cabo en unas semanas, pero creo haberlo dejado muy en claro ayer, Satoru.— Su voz calmada sólo logró enojarlo aún más, sentía que su paciencia era drenada por cada segundo que pasaba. —Puedo repetirlo una vez más, si no lo escuchaste ayer mientras follabas. Exijo el divorcio.

— ¿Con qué tipo de declaración te atreves a difamar aquello?— Avanzó hasta él, mirándole desde arriba.

— Con la de tu amante, por supuesto.

La susodicha, estaba sentada a unos metros de ellos. Con una sonrisa de triunfo en su rostro, pensando que quizá si se divorciaban, ella ocuparía el envidiado puesto de la pareja del gran Satoru Gojo. Pobre ingenua.

— Dios mío, ésto no puede estar pasando.— Susurró tan bajo como su voz le permitió.
Su blanca piel ahora era incluso más pálida que antes.
Pasó una mano por su pelo, desordenando unos cuántos mechones, como una clara acción de desesperación.

— En vista que no planeas negar nada, iré al punto.— Se levantó de su asiento, soltando un largo suspiro de cansancio. —Te veo en unas semanas, necesitamos firmar un par de cosas, pero ya mi abogado te dará los detalles después.

Gojo no dijo nada.

De verdad que estaba en shock, todo se le había salido de las manos y ahora su bien más preciado quería irse.
Se trató de acercar a su lindo pelirosa como una medida desesperada de pedirle de manera pasivo-agresiva que hablaran de la situación, pero alguien le puso la mano en frente, alejandole a centímetros del menor.

— Hasta entonces, tiene una orden de alejamiento.— Habló Nanami, extendiéndole una hoja.

El albino la tomó dudoso, con las manos temblando ligeramente.

— Nos vemos luego, Satoru.

Él intentó tomarle de la mano antes de irse, pero Yuuji fue más rápido y evitó su tacto.
Le dirigió una última mirada llena de desprecio.

— La nota de mi renuncia sigue en pie, ni se te ocurra buscarme.

Y dicho ésto, se fué por dónde había llegado.

El mayor no se lo podía creer.
Tan sólo esos pequeños centímetros se habían sentido como una infinidad.

— Vamos, cariño, todo estará bien.— La mujer aún presente acarició con falsa angustia la espalda de Satoru y éste apartó rápidamente sus manos.

Love me again.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora