Parte/33/Evento inesperado

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Un día que don Jean estaba revisando unos papeles, de pronto sintió un fuerte dolor en el pecho, su esposa que estaba en su compañía le preguntó alarmada.

¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

El hombre no pudo contestar, ya que perdió el conocimiento ante los ojos atónitos de su mujer, ella rápidamente mandó por el doctor de cabecera, cuando éste llegó el hombre ya había recobrado el sentido, el doctor le hizo un chequeo exhaustivo, le receto una medicina y le mando hacer unos estudios, cuando don Jean acudió a la consulta el doctor le dio el diagnostico.

─¿Qué es lo que tengo doctor? Y quiero la verdad.

─Señor me temo que no son buenas noticias, usted tiene una lesión en el corazón.

─¿Tiene cura?

─Desafortunadamente no.

─¿Corre peligro mi vida?

─Desafortunadamente sí.

─¿Cuánto me queda de vida?

─Eso no lo sé, cómo puede ser mucho tiempo o morir de un día para otro, le ayudaría mucho el que lleve una vida tranquila y, lo más recomendable, es que ponga todos sus asuntos en regla, por lo que llegara a suceder.

─Gracias doctor, por su sinceridad, voy a tomar en cuenta sus palabras.

─Este medicamento le ayudará con su problema.

El patrón salió del consultorio algo preocupado, pero hizo caso de las recomendaciones del doctor, lo primero que hizo fue su testamento, habló con su esposa.

─Ya fui con el doctor.

─¿Qué es lo que tienes? ¿Es algo grave?

─Si, si es grave, quiero que me perdones por el mal que te cause...

─Por favor no sigas, yo te perdone hace muchos años, te lo digo sinceramente y no te lo estoy diciendo solo por lo que estás pasando.

─Gracias Inés, no esperaba más de ti, siempre has sido una gran mujer.

─Le vamos a decir a nuestros hijos.

─claro que sí, es mejor que estén preparados y mi muerte no los tome por sorpresa.

Los dos pusieron al tanto a sus hijos, para cuando pasara lo inevitable estuvieran preparados.

Él sabía que su fin se acercaba el dolor que sintió en el pecho se lo anuncio, es por eso que esperaba con impaciencia la llegada de Ramona, en la fecha en que se reunían, pasaron tres meses Ramona lo veía desmejorado, pero él no le dijo nada de su padecimiento.

En una de sus entrevistas él estaba sentado en un cómodo sillón en la terraza del jardín, ella se sentó a sus pies, él le empezó acariciar la cabeza empezaron a recordar desde su primer encuentro.

─Desde el primer momento que vi tus ojos bellos me enamoré de ti.

─La primera vez que te llevé agua a tu despacho, iba con mucho miedo, pero este se disipo al momento en que te tuve entre mis brazos.

─Ya es tiempo de que dejemos atrás nuestros prejuicios y vivamos juntos, nuestros hijos ya son adultos, ya saben lo que es el amor, ya no serán tan duros con nosotros, yo quiero pasar mis últimos días a tu lado, con la mujer que siempre he amado.

Ella sintió que su corazón latía fuertemente, desde que se enteró que Doroteo había tenido a otra mujer, había querido escuchar esas palabras de su amado. Ella nunca se lo propuso, porque respetaba el acuerdo entre ellos, de nunca abandonar a su familia, pero él tenía razón sus hijos ya tenían su vida hecha, ellos se habían sacrificado por ellos, ya era tiempo de pensar en ellos mismos, ella le contesto.

─Si, si acepto vivir contigo, desde este momento ya no me separaré de ti, vamos a estar juntos hasta que Dios decida otra cosa.

Él sonrió inclinó la cabeza para encontrar sus labios se dieron un beso largo, el patrón le seguía acariciando su cabeza, posteriormente, exhaló un largo suspiro y falleció.

Ramona sintió como los brazos del hombre caían inertes, rápidamente se incorporó, lo vio con la mirada fija, puso su oído en su corazón, pero este había parado ya no latía más, ella lloraba al mismo tiempo le gritaba desgarradoramente, abrazada de su amado.

─¡Patrón, Patrón no me haga esto por favor!

Que jugada del destino, ellos que al fin iban a vivir juntos, venia la muerte y los separaba, al oír el llanto de Ramona, Amparito y su esposo corrieron a ver qué estaba pasando, amparito y el chofer vieron el cuadro desgarrador, quedaron atónitos por la sorpresa, no podían creer lo que sus ojos estaban viendo, su señor yacía muerto en los brazos de Ramona.

Amparito la acogió en sus brazos, juntas lloraron poco a poco se fueron tranquilizando el chofer les conto.

─Hace cosa de unos meses el señor, se puso muy enfermo.

─¿Por qué no me lo dijo? yo me hubiera quedado a su lado.

─Creo que no le dijo nada para no preocuparla le dijo el señor.

─¿Señora que hacemos? Le pregunto Amparito en medio de la pena.

─Ayúdenme a llevarlo a la cama, quiero pasar con él toda la noche, mañana le avisan a su familia.

─Como usted ordene.

Lo acostaron en la cama y lo vistieron con su pijama.

─Por favor, saquen todo lo que sea mío de esta casa, no dejen nada, usted Amparito sabrá qué hacer con eso, queme las fotografías, que no quede nada de mis pertenencias.

─Si señora, todo se hará como usted desea.

Quería que el nombre de su amado patrón quedara intacto, no quería que por un artículo que quedara de ella su nombre se manchara, cuando sacaron todo de la recamara, les ordenó.

─Déjenme sola por favor, mañana dejo esta casa a primera hora, esta es la última noche que voy a pasar a su lado.

Los sirvientes salieron respetando su voluntad, Ramona se acostó a su lado poco a poco se quedó dormida abrazada a su cuerpo como lo hacía cuando estaba vivo.

Al día siguiente a primera hora abandonó el lecho sigilosamente, abandonando la casa en donde tan feliz había sido, se fue caminando sin rumbo fijo, al pasar por una iglesia, se pasó empezó una misa, ella la escucho reverentemente, se imaginaba el féretro de su amado recibiendo la bendición de Dios, cuando termino la misa la iglesia quedo desierta ella se arrodillo, no pudo contener el llanto. Un sacerdote escuchó los sollozos de la mujer y fue hasta ella.

─Hija te pasa algo, ven siéntate a mi lado, cuéntame que te sucede.

Como si el sacerdote fuera Dios le contó la tragedia que estaba viviendo su corazón, éste la escuchó sin interrumpirla, cuando se desahogó, la invito a rezar junto con él una oración de difuntos para que él patrón tuviera un eterno descanso y su alma pudiera acceder a al cielo según las creencias de la religión católica. En esos momentos el pensamiento de Ramona voló hacia su esposo Doroteo, comprendió el dolor que sintió cuando perdió a su mujer, quizás para él, esa mujer fue el amor de su vida, como lo había sido su patrón para ella, a él nadie lo consoló en su perdida, al igual que a ella nadie la iba a consolar, lentamente abandono el templo y se dirigió a la estación del ferrocarril era hora de regresar, dejar su dolor y ponerse la máscara de la mujer feliz.

Cuando los sirvientes se percataron que Ramona había abandonado la casa se dispusieron a llamar a la esposa del señor, le dijeron que él se había acostado cómo siempre y que esa mañana cuando Amparito le llevo el desayuno lo había encontrado muerto. 

RamonaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora