Alejandro, Francisca, sus suegros y sus hijos tomaron el camino real, no sabían a donde se iban a dirigir, lo que querían era alejarse lo más rápido que pudieran de la propiedad del patrón la única que no estaba contenta con esa decisión era Ramona, que tristemente acariciaba la cadena de oro que tenía la foto del patrón, cada que podía la veía y lloraba a escondidas de sus padres, repasaba los últimos acontecimientos.
Ramona
No sé qué está pasando, mi mamá me dijo que me puse muy grave que me estaba muriendo, pero yo no me acuerdo de nada, en la noche de navidad el patrón me dio esta cadenita con un corazón, adentro está su fotografía, él tiene otra igual con la mía, me dijo que cuando quisiera verlo nada más abriera mi corazón y el aparecería.
Mi hermana Juana me dijo, que vio a la esposa del patrón hablar con mi papá y que le dijo que nos teníamos que ir de la hacienda, cuando la señora se fue, mi papá trajo una carreta con un caballo y entre todos subimos todo lo de la casa, cuando terminamos nos ordenó.
Suban todo a la carreta, nos vamos de aquí.
Le pregunté a mi mamá.
─¿Adónde vamos?
─Lo más lejos que se pueda, tenemos que alejarnos del patrón para que ya no te siga lastimando.
─No sé porque me dijo eso, porque lo único que hace el patrón es quererme con toda su alma como lo quiero a él.
Ramona pensaba eso, mientras acariciaba tristemente su cadena donde se encontraba la foto de su amado, vio con los ojos llenos de lágrimas como poco a poco se iban alejando del lugar dónde había sido tan feliz.
Llegaron al primer poblado, pasaron la noche a un mesón, Alejandro no quería viajar de noche porque en esa época había muchos bandoleros que se hacían pasar por revolucionarios que robaban a los viajeros a pesar que ellos no tenían el aspecto de traer mucho dinero encima, Aun así, Alejandro no se quería arriesgar, llevaba muy bien escondido el dinero en una parte secreta de la carreta por si, los bandoleros los llegaban a detener no encontraran el dinero.
En el mesón conocieron a otra familia que también iba de paso Alejandro, saludo al señor.
Buenas noches sus mercedes.
─Guenas nochis les de Dios─. Le contestó el hombre
─Mi nombre es Alejandro y si no es mucha indiscreción ¿a dónde se dirigen mi amigo?
─Mucho gusto amigo, yo soy Tarsicio, y no, no es indiscreción, vamos pa el centro, pa ser precisos nos dirigimos a Guadalajara, voy a ver si me dan chamba en el ferrocarril.
─Ah mire, cómo está eso.
─Pos mire usted señor, están ocupando mucha gente pa la construcción de las vías del tren, que disque va a conectar la ciudad con todo el estado.
Alejandro vio una salida a su problema.
─Miré que casualidad, nosotros también vamos para allá.
─Qué bueno, así nos echamos la mano en el camino.
El señor era más joven que Alejandro, venía con su esposa y tres hijos pequeños, casi de la misma edad de los hermanos de Ramona. Juntos de dirigieron hacia la ciudad, duraron varios días viajando, a las cinco de la mañana, se ponían en marcha, paraban cuando caía el sol en el próximo caserío que encontraban. Por fin llegaron a la ciudad y preguntando aquí y allá dieron con las oficinas del ferrocarril donde un doctor revisaba la salud de los hombres, otro les preguntaba sus generales, Alejandro por sus conocimientos y su carta de recomendación le dieron el cargo de mayordomo, él iba a traer a su cargo a una cuadrilla de trabajadores, al otro señor se ocupó de peón, allí se separaron porque a Alejandro lo mandaron a un pueblo y al señor a otro.
Cuando llegaron al poblado se fueron directamente a la oficina con el encargado. Ya les tenían dispuesto donde iban a vivir los trabajadores, a Alejandro por su cargo de mayordomo le destinaron una casita con todos los servicios, a los peones les construyeron un campamento era una galera grande, al lado derecho estaban veinte cocinas y al lado izquierdo veinte cuartos grandes que ellos podían dividir según sus necesidades, afuera tenían unas letrinas, un pozo de agua artesanal y sus lavaderos con sus propias pilas para llenarlas de agua para lavar la ropa, ya no tenían que ir al río.
Aparentemente todo estaba resuelto, cuando se instalaron en su casa, Alejandro le dijo a Francisca.
─Todo salió bien, solo falta resolver el problema de Ramona, tenemos que encontrar una solución antes de que la gente se dé cuenta de su estado, ya que va a ser muy desagradable escuchar a los peones faltarle el respeto y no sé cómo voy a reaccionar, como mayordomo no conviene tener enfrentamientos de esa clase, no tengo valor de enfrentarme a las habladurías.
ESTÁS LEYENDO
Ramona
RomanceLas personas que conocieron a Ramona y a su esposo, no terminaban de comprender, que había hecho el hombre para conquistar a su esposa ya que, los dos eran completamente diferentes, era la clásica pareja dispareja, si al menos el hombre hubiese sido...
