Cuando Ramona recobro el conocimiento su madre le dijo.
─Mira hija, no trates de oponerte, todo lo hacemos por tu bien.
─Pero yo no me quiero casar ni con él, ni con nadie.
─¡No si ya se que estas endiosada con el patrón, pero metete una cosa a la cabeza esos hombres no quieren a nadie, solo se quieren ellos mismos.
─Él no es así, el me quiere mucho yo a este hombre no lo quiero, huele bien feo me da asco.
─Cállate la boca, ni que yo me hubiera casado tan enamorada, me tuve que casar, porque así tenia que ser, no lo entiendes.
Ramona miro a su madre con los ojos muy abiertos, enseguida le pregunto.
─Eso quiere decir que a usted le paso lo mismo que a mi y mi Tata no es mi Tata.
Francisca al momento se arrepintió de sus palabras, ella no quería que Ramona supiera que Alejandro no era su verdadero padre, es por eso, que suavizando la voz le dijo.
─Mira mija piensa en tu hijo, si no te casas tu niño va a ser menospreciado por la gente, le van a decir bastardo y nadie te va a respetar, los hombres se van a sentir con el derecho de pedirte que seas su puta, porque en eso se convierten las mujeres que tienen un hijo sin tener a un hombre que responda por ella.
Ramona, no entendió que fue lo que su madre le quiso decir, cundo le dijo que se tuvo que sacar con Alejandro porque no le quedo más remedio, ¿Acaso ella no era su hija? Inmediatamente desecho ese pensamiento, ella no sabía a ciencia cierta que quería decir bastardo, sin embargo, la palabra le sonó ofensiva, su ilusión era tener a su hijo en sus brazos, era lo único que le quedaba de su adorado patrón, lo último que quería era perderlo, por amor a su hijo acepto ir a la iglesia, se sentía como un cordero a punto de ser sacrificado.
Cuando llegaron a la iglesia el cura ya estaba confesando a Doroteo, después siguió Ramona, después de expiar sus pecados, el cura le dijo.
─Tienes que estar agradecida con Doroteo, no cualquier hombre acepta lavar el honor de una mujer, sean las circunstancias que sean, tú estás obligada a obedecerlo ciegamente, a respetarlo, apoyarlo en las buenas y en las malas.
Ramona comprendió que a Doroteo le había dicho el verdadero motivo que lo llevó a casarse con ella, el señor cura después de decir las últimas palabras dio inicio al rito matrimonial, sólo estaban presentes los cuatro: Alejandro, Francisca, Ramona y Doroteo, ni siquiera sus hermanos estuvieron presentes.
Después de la ceremonia matrimonial, Alejandro los llevó hasta el campamento donde iban a vivir, desde ese momento Ramona pasaba a ser una adolescente soltera a mujer casada y su primera obligación era tener relaciones sexuales con su marido, las veces que él lo deseará, no tenía derecho a replicar, debía complacerlo en todo, así se lo había hecho saber el cura.
El cuarto estaba desnudo, solo había un petate en el suelo, dos clavos en la pared, las pocas pertenecías que tenían se encontraban en un rincón; en la cocina había un metate con su batea, un molcajete para hacer el chile, dos ollas de barro una para cocer los frijoles y la otra el nixtamal, dos platos de barro, dos jarros y una carga de leña, Francisca les llevó dos sábanas de manta, una cobija y dos almohadas, con eso iba a empezar su matrimonio.
Doroteo y Ramona se pusieron de rodillas para recibir la bendición de manos de Alejandro para que les fuera bien en su matrimonio.
Cuando quedaron a solas, ninguno de los dos pronunció palabra, ella tenía la mirada baja, él la miraba sin saber que decir. Fue Doroteo después de varios minutos en silencio tomó la iniciativa.
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Ramona
RomansLas personas que conocieron a Ramona y a su esposo, no terminaban de comprender, que había hecho el hombre para conquistar a su esposa ya que, los dos eran completamente diferentes, era la clásica pareja dispareja, si al menos el hombre hubiese sido...
