Mariposas asfixiadas

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- ¿Te gusta esta mesa? – Preguntó la pelirroja, habían comprado dos vestidos, tres pares de zapatos altos, ligas para el cabello, horquillas, un perfume que según Ginny haría que cualquier hombre suplicara por meterse entre las piernas de la castaña y un libro sobre encantamientos avanzados, eso aburrió en extremo a la única mujer Weasley, pero sabía con quién estaba, con sabelotodo Granger. Después de comprar todo lo referente a la cita, le concedió entrar en la librería.

- Lo que quiero es devorarme todo el menú – respondió. Eran pasadas las 2 de la tarde y estaba realmente hambrienta. Fueron a un restaurante algo fino en comparación a los que habituaba la castaña, pero Ginny había insistido en ir porque siempre iba con el equipo después de alguna victoria.

Esperaron a que las atendiera el mesonero del restaurante, un hombre bastante guapo y muy servicial.

- ¿Desean pedir o les traigo una copa antes? – Que voz tan sensual y bien preparada tenía ese muchacho, se notaba que exigían tener un aspecto envidiable para trabajar en el prestigioso lugar.

- Una copa de tinto, por favor – pidió la castaña con una sonrisa.

- Un whisky – dijo la pelirroja no sin antes guiñarle el ojo al mesonero. Él sonrió y se retiró.

- ¡Ginny! – Reprendió, escandalizada. ¿Por qué tenía que ser tan ligera? – Menos mal que terminaste con Harry porque hubiera llevado más cuernos que...

- Es verdad – accedió con carcajadas. Le gustaba el sexo, demasiado para el gusto de la mayoría de las personas, por eso no contaba nada a nadie, se guardaba su necesidad de sexo para ella misma y a la única persona que le contaba sus secretos y encuentros era a la castaña. Su mejor amiga.

- ¡Por Godric! – Exclamó, torciendo los ojos. En ese momento llegó el hombre con la copa y un vaso. Les deseo salud y se retiró del lugar, no sin antes recibir otro guiño de la pelirroja. – Eres incorregible.

- Lo sé – contestó con una sonrisa – así me amas. – Profesó como verdad absoluta, la castaña no pudo hacer otra cosa más que reír sonoramente. – Vamos a brindar – dijo. Levantando el vaso, Hermione la imitó con su copa y espero a que dijera algo – porque encuentres en este mundo lo que tanto mereces, amiga mía, eres la mejor persona que conozco y solo mereces felicidad – aseveró. Hermione no pudo evitar sentir un calorcillo en sus ojos, esa condenada bruja tenía una labia brutal, con razón era tan famosa con el sexo opuesto.

- ¡Salud! – dijeron a unísono. – Te toca – dijo Ginny.

- Brindo porque la oscuridad ya no vuelva a poblar en nosotros y porque tú también encuentres a una persona que logre darte guerra, un Ginny versión masculino, inaguantable e insuperable en tú sabes que ámbito – bromeó, guiñándole un ojo a ella esta vez. Ginny carcajeó.

- ¡Salud! – Dijo solemne. La copa de Hermione se quedó a medio camino. - ¿Qué pasa? – Preguntó, viendo como la castaña no se movía sino que transformaba su expresión en una de rabia, apretó la copa con su mano, enfocando su mirada cordial y cálida a una digna del mayor incendio forestal del mundo. Sin esperar respuesta siguió la línea de su mirada y vio enseguida la causa de su estrepitoso cambio de humor. El hurón albino estaba entrando al restaurante con una mujer sumamente guapa colgada del brazo. – Ese cabrón –susurró amenazante. - ¡Vámonos! – Le dijo a Hermione, pero cuando miró su rostro se encontró con la castaña apretando los labios en una fina línea. Se fue a levantar al instante, pero la castaña la tomó del antebrazo.

- Siéntate – fue un sibilante susurro que helo su sangre. Jamás le había ordenado algo, pero ahora se lo decía con una determinación que daba miedo, lo peor del asunto es que el rubio petulante estaba caminando en su dirección, el muy idiota no se había dado cuenta que la reencarnación del señor Tenebroso estaba sentada en ese restaurante. Ginny tragó grueso.

MustelidaeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora