VIENTICINCO

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Recibir una llamada de tu novio quejándose de dolor a las 10 de la mañana no era algo que esperaba Hyunjin, tuvo que dejar sus clases de esas horas por ir a verle — lo bueno de eso fue que hoy sólo practicarían lo de la clase pasada, no había mucho de lo que se iba a perder en realidad. No había comprendido exactamente qué había sucedido, sólo entendió un inaudible "me golpeé y estoy atrapado". Mil y una ideas pasaron por su cabeza en esos instantes, el autobús no podía ir más rápido y Jeongin había dejado de responderles los mensajes, dejándole como último enviado la clave de su puerta para que pudiera ingresar, era extraño tener su contraseña de su departamento, eso podría considerarse como otro avance a su relación, ¿no? Vaya, Hyunjin no era de los que valoraban cada día, mes o eventos especiales en una situación amorosa ¿tenía sentido siquiera? Mil veces confundido, que ridículo sin conocimiento alguno sobre qué hacer.

Al ingresar a su hogar, lo primero que notó fue un charco de agua que salía de la entrada de la cocina, entonces fue que empezó a preocuparse con mayor intensidad. Dejó su mochila en la mesa de su comedor y corrió hasta encontrarlo, no estaba en el baño, tampoco en su dormitorio, ni mucho menos en la cocina ¿Dónde diablos se metió?

— Jeongin — habló fuerte para que pueda oírle — ¿dónde estás?

Esperó una respuesta y, como si fuese un zumbido de un mosquito, se oyó la voz del menor proveniente de un cuarto al que no ingresó.

— ¡Hyung! Estoy en el cuarto de lavado, ayúdame por favor, no puedo salir de aquí.

Corrió hasta él y trató de abrir la puerta, pero estaba con seguro. Según las indicaciones de Jeongin, fue hasta su habitación y tomó un llavero de muchas llaves para lograr abrirlo, lográndolo finalmente. El menor estaba a un lado en el suelo, con la rodilla con una venda mal puesta y su mano con un curita, Hwang suspiró pesado al sentir un alivio de verlo algo ¿bien? Al menos estaba consciente y no era algo de suma urgencia como para acudir al médico.

Pero que enserio parecía que cuidaba a un niño pequeño.

— Muchas gracias hyung, sin ti no hubiese salido y justo para colmo la señora del edificio ni me contestaba el teléfono.

— Explícame por qué estabas ahí encerrado y por qué hay agua saliendo de la cocina.

— Bueno... Es una anécdota muy chistosa — Hyunjin no se rio por su comentario, es más, estaba demasiado serio — intenté hacer un postre que era a baño maría y pues...

— ¿Te quemaste?

— Sí, al intentar ponerlo al horno me quemé y terminé rompiendo mi único recipiente de vidrio que tenía para hacer postres — dijo levantándose del suelo con la ayuda de su novio — creo que no soy bueno para cocinar, es mejor pedir comida.

— Deberías tener cuidado — tomó sus manos y las examinó con detención — primero limpiemos tus heridas y arreglemos ese vendaje ¿sí? Luego vamos a limpiar ese desastre — acarició su cabeza con sus dedos.

En ese preciso momento esperó lo mejor, al ver a Hyunjin tan cerca supuso que recibiría un tierno beso de su parte, pero...

— Vamos, antes de que se te infecte.

Sólo le dio palmaditas a su cabeza y salió de la habitación a buscar el botiquín. Vaya decepción, quería al menos un besito. Díganle exagerado, pero se sentía muy triste cuando su hyung era muy lento para entender sus indirectas.

Pero aún así quiso seguir intentando.

— ¿Me has extrañado? — preguntó pasando sus dedos por sus cabellos con cuidado. Hyunjin estando de rodillas haciéndole el vendaje — porque yo sí, mucho.

Don't blame it on me | HYUNINDonde viven las historias. Descúbrelo ahora