Briella:
El reloj marcaba las once de la noche cuando la enorme verja oscura se abrió para nosotros. El Rolls Royce en el que iba se adentró en la gran propiedad que gritaba derroche de dinero por todos lados.
Un césped bien cuidado, llenaba los alrededores del camino empedrado que conducía a la entrada principal de la casa. Justo como en la mansión de California, esta estaba rodeada por un enorme muro, que daba la sensación de apartar la propiedad del resto del mundo.
Como si quisieran que nadie supiera lo que hacían aquí.
La casa, era enorme. Del estilo clásico francés, con grandes ventanales de madera en color blanco. Podría jurar que esta casa era más grande que la de Pierre, pero no se veía tan imponente ni tan agresiva como la de mi secuestrador.
Pequeños focos de luz, alumbraban todo el perímetro de la propiedad y eran muchos los empleados que corrían de un lado para otro, algunos con bandejas, otros, con carritos de metal cubiertos por blancos manteles.
Una fila de autos de lujo bordeaba el jardín delantero de la casa. No los conté, pero aseguraba que eran más de veinte. Varios hombres vestidos de trajes caros y oscuros, descendían de los vehículos. Algunos venían solos, otros dejaban sus autos al cuidado de sus choferes.
Me inquietó el hecho de no ver a ninguna mujer en todo el entorno.
—Prueba de audio número tres —habló Caleb a través del intercomunicador que traía implantado en uno de los enormes pendientes negros que portaba —, ¿me escuchan?
—Claro y fuerte —Malcom respondió —. Franco en posición, listo para disparar en cuanto la orden sea conferida.
— ¿Briella? —insistió mi ángel.
—Aquí estoy, los escucho a ambos con claridad.
Todo había quedado perfectamente explicado cinco horas antes.
Víctor me llevaría hasta la propiedad, sería mi chofer y escolta, aunque no podría entrar dentro de la instalación conmigo. Caleb se encargaría de guiarme hasta el despacho de Ludovick a través del intercomunicador.
Malcom, por su parte, estaría en la cima del muro que rodeaba a la propiedad, en el lateral derecho, justo desde donde se veía el despacho del hombre al que tendría que robar esta noche. Allí velaría que las cosas no se salieran de control. En caso de que así fuese, estaría en la autoridad de disparar y matar a todo el que se me acercara. Fue algo en lo que Pierre hizo demasiada presión: "Asegúrense de que nadie le toque un pelo a Briella, sino pagarán las consecuencias ustedes mismos."
Debía buscar las pruebas que confirmaran que el ataque en la autopista había sido producto de las órdenes de Ludovick. Para ello, tenía dos opciones: jaquear su ordenador o darle el "suero de la verdad" a su queridísimo hijo para que soltara la lengua y me contara si habían sido ellos o no.
Fácil, ¿no?
Facilísimo.
En mis manos quedaba el poder de decidir cuál de ambas opciones era mejor. En cualquiera de los casos, debía volver con respuestas sólidas, así que, si no funcionaba de una forma, tendría que intentarlo con la otra.
La manera de llegar al despacho del mafioso anfitrión, ya era problema mío. Pierre dejó a mi total imaginación ese detalle: "Tómalo como otra pequeña prueba:" Esas fueron sus palabras exactas.
Estaba nerviosa desde la tarde.
No.
Estaba nerviosa desde que el medico aseguró que ya estaba completamente sana. Lo que sucedió por la tarde solo acrecentó mi ansiedad, elevando mi estado de nervios a un nuevo nivel. Iba a terminar perdiendo la cabeza si esto no acababa pronto.
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Sin Retorno [Completada}
ActionEl pasado pesa. Es como una maleta que llevamos durante el viaje que es nuestra vida, una de la que no podemos deshacernos por mucho que el corazón no los pida. A mi me tocó cargar con un pasado que no era el mío. Por mucho que intenté escapar de...
