Ladrones

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Donde Matt Murdock y Frank Castle son ladrones de bancos. 

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La gente dice que aquello que vuelve a un amor legendario no es precisamente el amor, sino la huella que ambos dejan en el mundo. Para bien o para mal, la cosa es así... porque, ¿no han pasado siglos de gente llorando la tragedia que Shakespeare escribió? ¿no habían pasado años desde que la biografía de Steve Rogers desvelaba una tragedia similar con Peggy Carter?

Esa era la lógica en los pensamientos de Murdock mientras la noche se posaba en las afueras de la ciudad, la camioneta negra de Castle iba a toda velocidad a través de un túnel iluminado y billetes se escapaban por las puertas traseras abiertas. Dentro, el pelinegro manejaba con fuerza mientras Matthew reía con su cabello alborotado.

El pelirrojo se convencía de que estaban destinados a ser un ícono.

—¡Señor Murdock! —exclamó la furiosa oficial chasqueando sus dedos para extraer al criminal de su trance.

El alcohol se había ido de las venas del pelirrojo y solo restaba un incesante estallido en su cabeza, no sabía si era un golpe o simple resaca.

—Oh, lo siento —exclamó el hombre tratando de llevar sus manos al rostro, encontrándose con ellas encadenadas a la mesa de interrogación—. ¿Es usted la agente Madani de la que tanto habla Frank?

La mujer vio al hombre y dudó si ese ciego alcoholizado realmente era uno de los responsables del crimen en la noche anterior. Veía a un tipo común, en ropaje oscuro y con varias contusiones en el rostro además de pintura roja en toda su ropa.

—Eso deseas —dijo la mujer con una ceja levantada—. Soy la detective Knight y el banco que atracaron es de mí Harlem, ¿realmente creían que se saldrían con la suya?

—¿Misty? 

La mujer recargó sus manos sobre la mesa y observó con atención al pelirrojo, detestaba cuando frente a ella veía a un criminal innato pero lo que más le traía repulsión era cuando, en realidad, el infractor era alguien a quien podía ver viviendo una vida perfectamente normal.

—Sí, pero eso no importa —dijo la pelinegra—. Mi pregunta es otra.

—Ah, sí, si creíamos que nos saldríamos con la nuestra —empezó el otro—. Pues, desde que Cage se apoderó de Harlem's Paradise no sale de allí. Con el como kingpin ya no se le podía contar salvando este lugar de pobres ladrones, ¿o sí?

Mercedes quería responder y hacerle entender que no debía hablar de quienes no conocía, pero decidió morder su lengua porque algo de verdad yacía en sus palabras. Luke había cambiado desde que Mariah le heredó el club. 

—Eso creí —replicó el pelirrojo cuando escuchó a la morena bufar.

La detective tomó asiento frente al criminal y observó que las muñecas del criminal estaban enrojecidas por el roce del metal—: Si retiro esas cosas, ¿prometes que no harás una estupidez?

El otro se recargó en su asiento—: ¿En serio deseas confiar en alguien como yo?

—Oh, Dios, no —fue la respuesta que sacó una carcajada entre dientes a Murdock—, solo esperaba que pudieras entender que lo último que quiero es que pases tu vida en prisión. Estoy segura de que, si me dices donde está Castle, puedo mover un par de hilos para que reduzcan tu sentencia.

Matt negó con la cabeza y una sonrisa se formó en sus labios—: Y, ¿qué te hace pensar que los planes no son míos?

Knight le miró, observó el vidrio reflejante detrás de él por mero instinto y luego contestó—: Que él escapó sin ti, como si fueses... desechable.

ᑭᒪᗩY: One Shots FrattDonde viven las historias. Descúbrelo ahora