19. Noche de películas.

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Capítulo 19.

Josh Campbell

Después de subir por el ascensor con Hera cargada en mi espalda. Adentrarnos en el pasillo y llegar a la puerta, entramos a la habitación.

—Llegamos, ya puedes bajarte —le dije.

—No quiero —murmuró en mi oído, aferrándose más a mí.

Puse los ojos en blanco—. Como sea.

Cerré la puerta, fui al sofá y me senté.

—¡Oye! —Hera se quejó al sentir que la estaba aplastando con mi cuerpo.

—Podrás estar flaca, pero pesas, mi diosa.

—¡Ya levántate, me aplastas!

—¿Cuál es la palabra mágica?

—Que eres un maldito, párate ya —escupió.

—Te daré otra oportunidad, ¿Cuál es la...

—Si, si. Por favor —me interrumpió de mala gana.

—Ves, no era tan difícil —me levanté.

De inmediato se hizo para el otro lado del sofá.

Volví a sentarme.

—¿Y Polo? —me preguntó.

Antes de que le pudiera responder, Polo salió del baño recién duchado. Tenía el cabello húmedo y ya estaba vestido con un pantalón de pijama.

—Ahí está —lo señalé.

Polo me miró con mala cara, como siempre—. Josh, no me digas que te la trajiste para follar, ¿O si?

Hundí ligeramente mis cejas—. ¿Al menos podrías saludarla? No seas maleducado.

Miró a Hera—. Hola.

—Eh, hola —Hera le respondió, tímida.

—Y no, no la traje para follar, por lo menos hoy no —miré a Hera, ella también me miró, sonrojada—. La traje para que comiera helado.

—El helado está en la cafetería —dijo Polo con obviedad.

—Si... Pero, queremos tu helado —le sonreí.

Frunció el entrecejo—. Ah, no. Mi helado no.

—Tu helado, si —insistí con una sonrisa a medias.

Polo lo pensó un momento, vió a Hera y después me vió a mí—. Bien, solo por hoy.

—Gracias, Polito —habló Hera mientras lo veía.

—Josh, ¿Ella se quedará a dormir? Porque no quiero escuchar gemidos en plena madrugada.

—Que sútil eres, Polo. Y si, ella se quedará. Pero relájate, no habrá acción esta noche.

—Cuidado con el helado, puede que tenga veneno —respondió, alejándose del baño para ir a su cama.

—Ya cállate, Polo. Estás poniendo nerviosa a Hera.

—Yo creo que es mejor que me vaya —susurró Hera a mi lado, un poco incómoda.

La miré directamente—. No, tú te quedas hoy aquí. Con nosotros. Comiendo helado y veremos una película. Todo para que te sientas mejor, ¿vale? —la tomé de las manos.

Ella me sonrió—. Vale.

No sé ni porqué traje a Hera a mi habitación, ni tampoco sé porqué estoy siendo amable con ella. Cuando la vi hace rato se veía tan frágil, tan vulnerable al llorar... Algo en mí se preocupó. Así que solo me acerqué a ella y la abracé, sin ningún motivo. Eso me asusta. Su bienestar no debería importarme. Pensarán que estoy loco pero, lo único que sí sé es que no quiero que nadie le haga daño. No quiero verla sufrir por nadie ni por nada.

EL JUEGO #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora