♔ El tiempo te puede dar maravillas o por lo contrario, arrebatarte todo lo que tenías. Eso solo lo sabe quien lo ha usado alguna vez. En cambio, ella no sabía nada sobre el tiempo, quitándole todo lo que alguna vez tuvo. Solo queda esperanza y fe e...
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007.
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— Bien, mocosa.— dijo el anciano.
Hiro era un anciano, tenía aproximadamente 90 años como poco, una barba blanca y alargada colgaba de él. No tenía pelo, y sus ojos los tenía tan achinados que a penas se veían.
Los atuendos del hombre tampoco eran gran cosa, parecían haberse hecho antes de que existiera el mundo.
Y ahora Shima tendría que entrenar duramente con él. Le estaba enseñando básicamente todos los tipos de pelea que aprendió su padre aquí.
Por ejemplo, la espada, el mano a mano, el haki...
El anciano se había dado cuenta de que la chica era igual a su padre, puede que no de aspecto, pero si de su forma de ser. La chica había despertado su haki interior.
Y ahora estaba haciendo una prueba sobre esta. Sentada como los indios en de una charca, dado que había una plataforma, estaba manteniendo su equilibrio mental y físicamente.
— Ahora, haz que venga un dragón.— dijo el anciano.
—¿¡Cómo has dicho!?—
Se cayó de la plataforma mojándose entera.
— Pierdes la concentración muy fácilmente, tienes que ser más precisa, y no bromeaba con el dragón.— hizo un gesto de que se volviese a subir a la plataforma.
La chica subió y volvió a empezar.
— Relájate Shima, relájate.— se decía a sí misma.
— Llama a un dragón.— repitió Hiro.
La chica le miró como si fuese la persona más estúpida del mundo. Pero el anciano le hizo un gesto con las manos para que lo hiciese.
— Bien Shima, concéntrate.— resopló la chica.— Tú puedes, tú puedes.—