♔ El tiempo te puede dar maravillas o por lo contrario, arrebatarte todo lo que tenías. Eso solo lo sabe quien lo ha usado alguna vez. En cambio, ella no sabía nada sobre el tiempo, quitándole todo lo que alguna vez tuvo. Solo queda esperanza y fe e...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
030.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Shima y Shanks, estaban volviendo a Elbaf, la tripulación del pelirrojo se encontraba ahí, pues este había ido solo a buscar a Shima, y lo había hecho en un barco robado a los Marines, parecido al que ella tenía.
Se encontraban bebiendo, té por parte de la chica, sake por parte del hombre, en una mesa situada en la cubierta del barco.
— Me encantaría ver a un gigante de nuevo, hace décadas que no veo a uno.— dijo Shima extendiendo sus brazos.
— Ahora mismo estamos protegiendo a los gigantes, para no crear una guerra entre Big Mom y los gigantes.— dijo Shanks volviendo a beber de su jarra.
— Deberías parar de beber, un día te va a dar un coma etílico.— dijo Shima mirándole mal.
— Y tú deberías... hacer algo más interesante que...— miró al libro de medicina que había encima de la mesa.— ¡Leer!—
— Leer es súper divertido, y aprendes muchas cosas interesantes, eso sí que deberías hacerlo más a menudo.—
Shanks fue hacía ella, le agarró por la espalda y le rodeó con su brazo.
— Para que hacerlo si te tengo a ti.— besó su mejilla.— Ve a descansar un rato, no has parado de entrenar en todo este tiempo.— dijo Shanks.
— Pero quiero estar más tiempo contigo.— dijo Shima con reproche.
— Vamos a estar todos los días juntos, pero no podré hacerlo si te mueres de cansancio.— señaló la puerta del camarote.— Descansa.— declaró.
— Si vienes conmigo.— dijo Shima.
Shanks lo pensó un momento, levantó la cabeza y miró al mar.
— Está bien.— dijo finalmente.
Shima sonrió, y lo llevó a rastras hacia el camarote. El hombre seguía teniendo su brazo encima de los hombros de la chica, lo que hacía más fácil su "secuestro".
Cuando llegaron a la cama, los dos se tumbaron en la cama, se abrazaron mutuamente. Se necesitaban el uno al otro desde hacía tiempo, la espera había dado sus frutos, y ninguno de los dos iba a estropear ese momento.