Aquella mañana calurosa y detestable me encontraba en los... no sé, ¿pequeños establos? Diría más corrales techados para los animales, estaba bajo la sombra de un techo medio gastado de tejas plásticas dejando que el poco aire soplara y estando con el caballo que se encontraba en la sombra descansando, acariciaba su cuello, su cabello, rascaba su mentón y acariciaba su nariz y su larga cara, sus ojos negros y largas pestañas me miraban, esperaba no molestar al animal, solo quería estar en un lugar fresco y con compañía que me fuera de fiar o no fuera pendeja, ya había pasado rato y sabía que no era sano seguir molesto, pero pues... lo estaba, realmente sentía que no me tenía la importancia como tanto grita, si por un partido de futbol hasta ignoraba a su propia madre, que su papá hizo, mal también, si, debió ser el quien acompañara a su esposa, pero no lo conozco, no puedo decir nada de él, pero mi toro, mi novio, que siempre está chingando con sus celos ahora resultaba que me ama pero no tanto como un partido amistoso entre dos equipos que seguro ni son buenos, abrazaba al caballo, tomé un cepillo cercano y lo cepille suavemente el lomo y el cuello, algunas partes de las patas
- ¿quieres agua caballito? Agua fresca y limpia-
No es que me fuera a contestar, pero los bebederos estaban bajo el sol y en los contenedores sucios y oxidados, fui por un balde, lo limpié y lo fui llenando de agua fría y limpia, regresé con el caballo con la cubeta en brazos, al inicio solo metió su hocico, olfateo el agua y empezó a beber, unos cuantos sorbos antes de alejarse, me salpico un poco pero no importaba, dejé el balde en el suelo y seguí con el caballo, recargado en la valla de madera relajándome acariciando su cuello y lomo, a lo lejos el toro se acercaba a mí, mi toro, Rudo, no el de la granja, ese estaba pastando algo retirado, caminaba lentamente vestido con jeans camisa de manga larga y sombrero, lo miré de reojo y regrese al caballito a cepillarlo, acariciarlo, era tan lindo, Rudo se paró frente al caballo, acaricio su cabeza y su mentón
- ¿quieres montarlo? -
-no, pobre caballito-
- ¿Qué tiene? Nosotros lo montamos y aguanta bien-
-pero tú, si no piensas en tu mamá ni en mí, ahora, como vas a pensar en el pobre caballito
El toro dio un largo y pesado suspiro poniendo sus ojos en blanco, los tallo con sus dedos
- ¿hasta cuando vas a seguir así? -
levante mis hombros y los dejé caer, Rudo se acercó a mi abrazándome
-ya chaparro, no seas así... ya dije que lo sentía...-
volteo a ver al caballo
-dile algo tú, que te quiere más que a mi-
el caballo solo lo miraba y seguía parado bajo la sombra-
-pero has algo cabrón-
Comenzó a rascar el cuello y mentón del caballo, este levantó su cabeza disfrutando del cariño que Rudo le daba, se volteo conmigo y me tomó de la mano
-vente, yo sé que hacer para que se te quite lo enojado, vamos mi amor-
Me jaló hacia él y me rodeo con su brazo yendo a la casa, entramos por la puerta de la cocina y fuimos a la sala
-Apá, ¿me prestas la camioneta? -
El padre de rudo levantó una ceja volteando la cabeza mientras estaba sentado en el sofá
- ¿para? ¿A dónde quieres ir? -
-quiero llevar a mi chaparro a conocer la ciudad, que se ventile un poco-
El toro negro rasco su mentón pensando mientras inclinaba su cabeza-
-mmm hay que ponerle gasolina a la camioneta...-
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Toma la vida por los cuernos
RomanceUna historia de como se conocen mi Fursona y su novio, y los momentos que les esperan en la vida
